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Alfredo J. Ramos, en busca de El Dorado

Nombre: Alfredo J Ramos
Edad: nacido en 1954
Nacido en: Talavera de la Reina
Profesión: Periodista y editor (de una forma u otra, me paso la vida escribiendo)
Autor de guías a: Castilla-León, Castilla-La Mancha, La Rioja, Extremadura

Viaja en busca de su propio El Dorado, escribiendo guías desde 1990. Después de recorrer casi medio mundo, se quedaron en su retina sitios como Abu Simbel, las montañas de Creta, las ruinas mayas de Cobá o, algo más cercana, la Ribeira Sacra gallega. Y a pesar de tanto viaje, es bien consciente de la gloria monumental y cultural de España: “Un Norte concentrado, serio, intenso, y un Sur expansivo y luminoso: esa sería una posible manera de formular los contrastes.”

Hay quien diría que te tocó bailar con la más fea, la España profunda de las mesetas. ¿Por qué no les das un par de motivos para que cambien de opinión?

¿Solo un par? Diría que por los menos hay tres docenas de razones, tantas como guías Total le hemos dedicado a ese gran pedazo de España que es la Meseta, con sus dos lados. Y no es para menos. Castilla y León es la región europea que reúne una mayor riqueza monumental: las mayores reliquias romanas, doce catedrales, medio centenar de monasterios, el románico más valioso, joyas góticas, paisajes variados… Y, por supuesto, los castillos que le dan nombre. En cuanto a Castilla-La Mancha, basta con mencionar a Don Quijote, sin duda el español más universal de todos los tiempos. Así que lo de la más fea… es claramente un prejuicio infundado.

¿Hay dos Españas, una al norte y otra al sur?

Probablemente más de dos, porque siempre es posible encontrar el norte del norte y hay más de un sur al sur del sur. La globalización, naturalmente, afecta en todas direcciones y, en apariencia, hay cosas que son iguales en todas partes. Ahora bien, tan pronto como rascas un poco, surge eso que antes se llamaban las idiosincrasias o –ya que estamos en el año del premio Cervantes de Juan Goytisolo, gran viajero por cierto– las señas de identidad. Un norte concentrado, serio, intenso, y un sur expansivo y luminoso: esa sería una posible manera de formular los contrastes.

¿Qué te empuja a viajar?

Básicamente, los sustanciosos emolumentos que Anaya Touring y otros editores me proporcionan por hacerlo… Ja, ja, es broma, claro (y más con esta interminable crisis). El motor principal es, naturalmente, la curiosidad y sus variantes: el afán de saber, conocer cosas nuevas, comprobar si existe El Dorado… Y ahora que uno ya va teniendo una edad, también cierto deseo de contrastar experiencias y recuerdos.

¿Y a escribirlo? Los viajes, digo…

Siempre lo he hecho. Desde muy joven llevo un diario y entre sus páginas hay muchas notas de lugares visitados. Lo de escribir profesionalmente guías y reportajes viajeros surgió de mi actividad como periodista-editor, y de una forma algo accidental, en torno a una de las primeras guías (tal vez la primera) que se hicieron ex novo en Anaya Touring, allá por 1990: el Camino de Santiago. Uno de los colaboradores inicialmente previsto desapareció del mapa y Pedro Pardo me propuso hacerme cargo de las ciudades del Camino. Antes había publicado algunos reportajes viajeros en prensa, pero el verdadero inicio fue ahí.

Seguro que tienes un lugar grabado en la retina como el más idílico del planeta.

Del planeta (del que aún me queda por conocer digamos que algo más de la mitad), diría que pocos sitios pueden competir en mi memoria con un amanecer en Abu Simbel. Tal vez solo alguna caminata en las montañas de Creta, en busca de la cueva de Zeus, o la contemplación de las ruinas mayas de Cobá (México), devoradas por la selva. Ahora bien, para andar por casa (aunque es mucha casa), me quedo con algunos rincones de la Ribeira Sacra gallega, preferiblemente en su vertiente ourensana, y en concreto, en el entorno de una pequeña aldea llamada Cerreda. Allí está el verdadero bosque animado que retiene mi retina.

Un libro que te inspira a viajar.

Pues casi todos: en todo libro, incluso en los más abstractos ensayos filosóficos, hay alguna sugerencia práctica de viaje. Los Ensayos de Montaigne, por ejemplo: es empezar a leerlos y ya se te están yendo los pies hacia las cumbres francesas.

Una película que ni el mejor de los viajes.

Por proximidad, citaría mejor una serie de televisión: Breaking Bad. Hace poco vi los 16 capítulos de la quinta y última temporada, en tres o cuatro sesiones maratónicas, y fue una auténtica y trepidante travesía… por los desiertos de Albuquerque (Nuevo México) y aledaños, y también por aspectos inquietantes de la condición humana. En plan clásico, el viaje más extraordinario me sigue pareciendo el de 2001, una odisea del espacio. No en vano concluye en Júpiter y más allá.

Una cita que siempre te ronda la cabeza.

«Rara vez vas a encontrar fuera algo que no esté ya en algún lugar de tu mente». No sé si es muy exacta, ni siquiera si es, en sentido estricto, una cita. Pero es una idea que siempre tengo presente a la hora de preparar un viaje.

Una canción que te acompaña a donde vayas.

En los últimos tiempos, sobre todo buen flamenco: Poveda, Morente, Camarón. Ahora bien, la música que recuerdo haber oído más veces al volante en tiempo de trabajo es un disco de Amancio Prada que se llama Emboscados. Es muy apropiada para viajar, por ejemplo, por el Bierzo.

Un medio de transporte favorito.

El tren, sin duda.

Un destino que se te resiste.

Entre los nacionales, nunca he conseguido cerrar el mapa de España por el sur: no conozco Sanlúcar de Barrameda. En Europa, he fracasado en varios intentos de visitar el sol de medianoche, en los fiordos noruegos, por ejemplo. En el Planeta, me gustaría conocer mucho más y mejor la América hispánica. Pero el lugar que de verdad se me resiste, aunque confío en que ya por muy poco tiempo, es Cuba.

¿Eres de esos que se lleva algo de cada sitio al que va? ¿Tu nevera está llena de imanes?

Suelo traer cosas simbólicas, y muy a menudo libros. De imanes, soy poco (en todos los sentidos).

¿Hotel de lujo, albergue de mochileros o casa de huéspedes?

Donde se tercie. Aunque mi mochila hace mucho que es marcadamente urbana.

¿Plano de papel o GPS?

Nunca he utilizado un GPS. Y, aunque parezca raro, tampoco mucho los mapas de papel. Soy más de preguntar. Aunque suelo estudiar previamente mucho el territorio a vista de Google.

¿Viajero documentado o viajero sorprendido?

Me lo pone usted a webo (con perdón): un viajero lo suficientemente documentado para poder ser sorprendido casi a cada momento.

Viajar como profesión… ¿estropea los viajes?

Bueno, los hace un poco más liosos y ajetreados. Pero también les da una intensidad que después se agradece.

¿Existe la guía de viajes perfecta?

Si, el propio lugar visitado.

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