Siberia, un tren, un billete de tercera clase y un carrete en blanco y negro


jueves, 9 de junio de 2016

texto: Miguel Cuesta

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El viaje de viajes en tren, el Transiberiano, es puro romanticismo cargado de recuerdos del pasado (mejores y peores, zaristas y soviéticos) que se descubren poco a poco, al tedioso ritmo de un tren lentísimo que cruza el país más grande del mundo. Quizá por eso, cuando decidí hacerlo, mi vieja cámara analógica me llamó a gritos desde la estantería; hoy me alegro de haber respondido a su llamada. Desde Moscú a Ulán-Udé, en la frontera con Mongolia, os propongo un viaje fundamental para los que disfrutan del viaje dentro del viaje.

 
Recorrido Transiberiano
 

 

Moscú

En la capital se empieza a intuir la grandeza de este país, que vive orgullosamente, en parte, al margen de nuestros idolatrados estándares occidentales. Pero para entenderla, para palparla, hay que salir de la megalópolis. Y para hacerlo, primero también habrá que elegir cuál de las dos alternativas queremos tomar: los primeros mil kilómetros se pueden hacer vía Nizhni Novgorod, una ciudad medieval y orgullo de la Rusia blanca, o bien vía Kazán.

 

Kazán, la orgullosa república tártaro-musulmana

Seguramente has oído hablar de los rusos musulmanes del Cáucaso norte e incluso de budistas de zonas próximas a Mongolia y China. ¿Pero esperarías encontrar una región de mayoría tártaro-musulmana en pleno corazón de la Rusia europea? Kazán es la capital de esta curiosidad: la república de Tatarstán, un reducto del imperio Mongol que ha sobrevivido a los siglos manteniendo su identidad, religión y orgullo, y asimilando a muchos de los “rusos” que se han instalado aquí desde que cayera el kanato en manos del incipiente imperio Ruso (siglo xvi). Hoy, su Kremlin es único en el mundo, con una enorme mezquita que comparte recinto pacíficamente con una no menos imponente catedral. Aunque fuera de esta zona, la más turística, hay barrios que se caen a pedazos, la ciudad tiene mucho encanto y se está recomponiendo de los azotes económicos de la última década del siglo xx (como todo el país). De hecho, es una de las regiones con mayor independencia administrativa y de las que más está creciendo gracias sus recursos de petróleo y gas.

 
KazánKazán. Aunque está creciendo mucho, aún hay zonas por recuperar
 

Tobolsk, la vieja capital de los colonos siberianos

Ya en Asia, como salida de una película del Far West, esta vieja capital de Siberia (lo fue en el siglo xvii, mientras avanzaban las conquistas sobre los mongoles) es una parada fascinante que nos introduce de lleno en la historia de la colonización siberiana. En una zona elevada de un meandro del río Irtish, el Kremlin de Tobolsk domina el casco viejo de la ciudad, que aún conserva muchas construcciones de madera. Hasta hace poco, la ciudad moderna, hecha de bloques de hormigón idénticos unos a otros, daba la espalda a un centro histórico cada vez más desmejorado. Por suerte, desde hace unos años, se trabaja duro por lavar la cara de esa zona, la más atractiva de la ciudad, y aunque a ciertas horas sigue pareciendo un cementerio, recorrerlo es toda una experiencia que da a conocer la provincia rusa.

 

Krasnoyarsk, la Siberia emergente

Es una de las grandes ciudades emergentes de la Siberia moderna. En sí misma no ofrece grandes atractivos turísticos, pero visitarla es una buena manera de conocer una capital económica de la Rusia asiática. Impresiona, sobre todo, el anchísimo río Yeniséi, que la divide en dos y conecta directamente con el Ártico, y que es también el camino para conocer las impresionantes Takmak Stolby, unas formaciones rocosas de lo más peculiar que quedan a unos pocos kilómetros aguas abajo. Para los urbanitas, Krasnoyarsk es una buena excusa para descansar y reconectar con el “mundo moderno” acercándose, por ejemplo, al cine o al teatro.

 

Abakan, el crisol étnico, y Cheriomushki, un pueblo de montaña soviético

Abakan
Abakan. Mercado multiétnico
 

Después de casi 4.000 km recorridos fielmente sobre el camino que dictaba la mítica vía de tren transiberiana, me dije que ya era hora de salir a conocer algo más allá de esta “zona de confort” en la que se habían convertido los vagones de tren. También quería ver algo de montaña, más allá de los interminables bosques de abedul que adornaban las horas y días de recorrido en tren. Abakan es la modesta capital de Jakasia, una región con una gran mezcla étnica de chinos, mongoles, turcos, kazajos… mezcla que se puede ver y disfrutar en mercado muy recomendable a la vista y al gusto. Cheriomushki, a un par de horas al sur, fue mi decisión para “atacar” las montañas, a propósito de una gran presa que es el orgullo local y que permite conocer la curiosa estampa de un pueblo de montaña soviético.

 

Irkutsk-Baikal, el lago más fascinante del mundo

La parada más célebre y fundamental de todo el Transiberiano bien puede ser un destino en sí mismo. Irkutsk es una ciudad con bastante más patrimonio monumental y cultural que todo lo que hemos visto hasta la fecha, tiene buenos museos, restaurantes… pero lo cierto es que no sería nada sin su gran aliado: el lago Baikal, la reserva de agua dulce en estalo líquido más grande del mundo. Ya sea en barco en verano o en coche en invierno, hay que conocerlo desde dentro y tratar de visitar algún pueblo, sin olvidarse de la mítica isla de Olkhon. Además, para los que quieran conocer una parte antigua del Transiberiano escavada en la roca y que ya solo funciona como tren histórico-turístico, es muy aconsejable utilizar el Cirkumbaikal.

 

Ulán-Udé y Novoselenguinsk, la Rusia mongola

El trayecto entre Irkutsk y Ulán Udé seguramente supone la parte más bonita paisajísticamente de todo el Transiberiano. Una buena parte del tramo se recorre a orillas del lago, por el lado suroeste, y si te pilla el atardecer o el amanecer es un auténtico espectáculo. Ulán-Udé lo dice todo con su nombre: estamos prácticamente en Mongolia. Y sin embargo hay un gran sentimiento de pertenencia a Rusia, por más que la mayoría de sus habitantes tienen claramente rasgos asiáticos. Más allá de la enorme cabeza de Lenin que aún preside la plaza central, la ciudad no ofrece grandes atractivos, aunque se puede hacer una interesante escapada a Novoselenginsk, una vieja capital de la zona durante el siglo xviii que jugó un papel importante tanto en la cristianización de la zona, y que hoy sobrevive apenas gracias a un museo de la colonización de Siberia.

 
Ulán-Udé
Ulán-Udé. La plaza central es usada por los jóvenes para patinar bajo la mirada de Lenin
 

¿Mongolia, China, o Vladivostok?

A partir de Ulán-Udé, también en tren, uno puede tomar rumbo hacia Mongolia, hacia China o hacia la parada final del Transiberiano: Vladivostok.

 
 

Para saber mucho más sobre el Transiberiano escucha el audio de nuestro autor en El canto del grillo de rne (Radio Nacional de España).