La Serranía de Ronda: un recorrido circular inolvidable
Por Pedro Pardo…
Ésta es la mejor ruta de cuantas he hecho este año; y no todas han sido en tiempo primaveral, aunque hayan sido en primavera (el pasado fin de semana, por ejemplo, no hice 20.000 leguas de viaje submarino, como el capitán Nemo, pero sí 200 kilómetros bajo la lluvia). Si vives en el sur, o si viajas con tu moto por el sur, o planeas pasar por el sur, no te la pierdas. Hay que anotarla para hacerla algún día, si no la has hecho ya.
Se trata de una ruta circular que yo he iniciado en Jimena de la Frontera, pero que puede empezar en Ronda, o en Gaucín si se sube de la Costa del Sol a la altura de Manilva por Casares de Málaga.
Hay cuatro sectores claramente diferenciados paisajísticamente, y también por la tipología de la carretera, aunque toda ella discurre dentro de la misma serranía.
1/ A un par de kilómetros de Gaucín, entre este precioso pueblo blanco que reverbera al sol y Jimena, en el punto más alto de la sierra del Hacho (una de las muchas que forman la gran serranía de Ronda), una desviación nos dirige, en continuo descenso, hasta El Colmenar. Son unos diez kilómetros absolutamente deliciosos, por una de esas carreteritas de montaña en las que los prados hacen de arcén. Cuajada de flores de jaras y retamas, las vistas sobre la rocosa sierra de Líbar, que se eleva al frente, te dan la sensación de que estás adentrándote en un territorio silvestre como pocos. Y, la verdad, lo estás.
2/ El Colmenar es, en realidad, la estación de ferrocarril de la vecina, aunque lejana, por lo accidentado del terreno, Gaucín, y cuenta con un nada desdeñable equipamiento turístico: bares, hostales, casas rurales, etc.
Pero desde aquí hasta casi Cortes de la Frontera, la experiencia motorista que nos aguarda tardará en borrarse de nuestra memoria. Discurre por una reserva de caza aledaña al Parque Natural de los Alcornocales, y se puede tener la seguridad de estar rodando por uno de los mejores, si no el mejor, bosque mediterráneo de toda la península Ibérica.

Pero la carretera, ¡ay!, eso es ya otra cuestión. Si se desfallece, no hay que perder la fe: aunque tarde en llegar, se llega Cortes. Es tan estrecha que casi rezas para que nadie venga de frente en una curva; bueno, en una curva y hasta en una recta. Incluso rezas para que lo que parece que es una mera desaparición de una carretera civilizada, no dure más allá de 10 metros. Y es que no es más que una pista forestal a la que se ha aplicado una mano de asfalto; y eso fue hace tiempo. Pero si se controla el nudo en el estómago, el disfrute está garantizado. Eso sí, a 40 km/h.
3/ En Cortes la ruta se encarama en las faldas graníticas de la sierra de Líbar y así continúa casi hasta Ronda. En lo más profundo del valle, la línea ferroviaria parece un juguete de los de Geyper. La carretera, formidable: aérea, agreste, con algunas alturas de gran porte para quienes pensaban que ésta era una sierra más bien modesta.
De Ronda, ¿qué se va a decir que no hayan dicho ya poetas, escritores y guías turísticas?. Simplemente, imprescindible. Una de las ciudades más hermosas de Andalucía.

4/ En Ronda hay muchas salidas; nosotros lo hacemos dirección Algeciras. La altura a la que rodamos de inmediato no deja de impresionar. Hacia el sur, la vista de sierra Bermeja (otra de las que forma la serranía), en brusco descenso hacia el mar Mediterráneo cerca ya del Estrecho de Gibraltar. En la otra orilla, las costas de Marruecos, y Ceuta, si la bruma permite distinguirla. La panorámica es grandiosa.
Los pueblos blancos parecen minúsculos en la lejanía y se acomodan en sitios inverosímiles. Casi una decena de miradores, con paneles explicativos sobre el paisaje y la vida silvestre, jalonan un recorrido en el que, si en vez de maleteros dispusiésemos de alas, saldríamos volando en una especie de moto-pente. Lo he dicho en bastantes ocasiones: uno de los recorridos más bonitos y emocionantes de toda España. Carretera recientemente remozada: hay que aprovecharla antes de que los escalones vuelvan a colonizar el asfalto.
Además, los quitamiedos son de troncos de árbol. Así que ¡más felices que los Picapiedra!.
Pedro Pardo es autor de las guías España en moto y Los Caminos de Santiago en moto.
Tags: España en moto
Por Pedro Pardo
Sucedió el domingo pasado. Cazalla, Sierra Norte de Sevilla. Nati acaba de llenar el depósito de su Deauville y, sin quitarse el casco de la cabeza, se acerca a caja y deposita su tarjeta de crédito. El gasolinero le pide el DNI y ella se lo muestra. “¡Joé, que me está usted enseñando el carnet de su mujer!”, exclama antes de cortarse como una paraguaya cuando Nati se quita el casco. Y remata: “¡Ah, usted es su mujer!”. Imposible explicar que no; con la boca llena de risa no se puede.
Tengo un libro sobre la historia de Vespa. Las mujeres que aparecen en la publicidad de la legendaria scooter parecen maniquíes: guapas, elegantes, eróticas, algunas en biquini, otras en minifalda. Casi nunca aparecen hombres, pero es fácil adivinar que los mensajes no van dirigidos a esas mujeres. Basta con que ellos entiendan que a ellas les gustaría darse una vuelta en Vespa, como a la princesa Audrey Hepburn cuando se agarra a Gregory Peck en la maravillosa película “Vacaciones en Roma”. Cómpratela y ya verás la de vueltas que les vas a dar, venían a decir.
Con el tiempo la cosa no mejoró y algunas marcas muy conocidas hacían promoción de sus nuevos modelos con fotos de señoritas de calendario de los que se cuelgan en la celda de un presidio, silicona incluida. Lo sabe todo el mundo, incluso los fabricantes de motos, la potencia entre las piernas las atrae. Propio de equipos de marketing formado, seguramente, por expresidiarios.
Pero la irrupción de las mujeres, como en tantos territorios antes exclusivamente de hombres, en el mundo de la moto comenzó discretamente, pero de modo inexorable. Y así se empezaron a ver mujeres pilotando sus propias motos por las carreteras de España, peñas enteras aparecían en Los Pingüinos o en Faro, y las primeras pilotos de pruebas, como la barcelonesa Esther Nubiola, empiezan a publicar en revistas especializadas sus valoraciones sobre motos tan “masculinas” como la V-MAX de Yamaha, o la XR 1200 de Harley. Y hay que conocerla para comprobar lo maravillosamente femenina que es. Esther, claro. Incluso hay algún fabricante (Harley Davidson para más señas), que organizan un Día Internacional de la Mujer Motorista, todos los meses de mayo desde 2007.
Pero, todavía, es demasiado frecuente una evolución de la relación de muchas mujeres con la moto que podría resumirse de este modo:
1/La gran mayoría de los “paquetes” son mujeres, es cierto. “Lo hacemos por amor a la pasión de tu chico”, dice Ana, una veterana paquete.
2/La gran mayoría de los “paquetes” se hartan de serlo. No todas, pero muchas, sí.
3/ Así que muchas desertan, para alivio de todas las partes.
4/ Pero otras se emancipan, motorísticamente hablando, y se compran una moto, como Nati, que se confiesa sevillana, motorista y la chica de José Ponce, por ese orden. Y ahora compiten por ver quién lo lleva mejor. La moto, por supuesto.
Seguiré reuniendo anécdotas disparatadas de mujeres y motos.
Pedro Pardo es autor de “España en moto” y “Los Caminos de Santiago en Moto”.
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Por Pedro Pardo
Me he hecho a menudo esta pregunta porque, con frecuencia, siento la necesidad de vivir por unos días Portugal y, claro, si además puedo hacer una ruta que me haga experimentar desde el pausado placer de rodar lento para saborear el paisaje, hasta la emoción que proporciona una carretera totalmente mimetizada en cada irregularidad del terreno, pues no se hable más, ¡carretera y manta!.
Mi experiencia de rodar por el país vecino me lleva a destacar cuatro grandes rutas (bueno, no demasiado grandes porque todas ella rondan los dos centenares de kilómetros; pero es que Portugal, como es sabido, tampoco es demasiado grande). Dos hacen su recorrido de Norte a Sur (o viceversa), y otras dos lo hacen de Este, donde se sitúa España, a Oeste, bañado por el Océano.
Entre las segundas, la más divertida es la que recorre las sierras de la Estrella (serra da Estrela) y de Lapa, muy cercanas a la raya fronteriza con España ( a la altura del norte de Cáceres y Salamanca). La otra es por la costa Vicentina, la que arranca del cabo San Vicente, en el extremo occidental del Algarve, y asciende, como por un gran mirador del Atlántico, camino de Setúbal y Lisboa.
Entre las rutas que van, para entendernos, de derecha a izquierda, ambas acaban por parecer interminables; las curvas ralentizan tanto el avance que no se espere hacer un promedio de más de 50 kilómetros por hora. Pero ambas son fascinantes para cualquier motorista en ruta.
Una es la ruta que corre paralela al río Duero hasta Oporto, donde se produce un fenómeno casi paranormal. Por ejemplo, dice una señal “Lamego 26 km”, y al cabo de media hora de curvear sin tregua, se lee en otra “Lamego 23 km”. Increíble.
Y la que más me gusta, la que desde la preciosa Bragança, muy cerca de la frontera a la altura de Zamora, lleva hasta Braga y la costa. Más de dos centenares de kilómetros de su recorrido son una pura curva: ¡como para venir de muy lejos para recorrerlos!, igual que los surfistas van en busca de las olas únicas de una playa.
Hasta Chaves se cruza la serra de Montecinho que, como su nombre indica, no es sino un monte bajo (montecito). Casi todo discurre por la región de Tras-Os-Montes, tierra humilde y despoblada, pero sus pueblos poseen un encanto único. Por cierto, las carreteras, de generosas proporciones, se encuentran, casi siempre, en excelentes condiciones.
¡No os perdáis el tramo entre la población de Chaves (bonita) y Braga (muy interesante) donde la alta montaña, el agua omnipresente y el trazado de la carretera la convierten en de una las mejores de todo Portugal!
¡Ánimo y a la carretera!
Pedro Pardo es autor de “España en moto” y “Los Caminos de Santiago en Moto”
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