Por Pedro Pardo
Nadie sabe bien el motivo por el cual en los primeros días del año, cuando los termómetros registan temperaturas mínimas, se produce la gran migración de motoristas de muchas partes del mundo hacia el pinar de Puente Duero en Valladolid. Para quienes hayan sentido en alguna ocasión ese desafiante impulso, advertirán fácilmente que en él reside la esencia del viaje en moto. Ni el frío ni el viento, ni el calor ni la lluvia, pueden más que la satisfacción que ofrece la moto. Por eso, la concentración de invierno de los Pingüinos es tan genuinamente motorista, alegre y emocionante.
Leemos en la página oficial donde se puede consultar el programa de este año que en las primeras ediciones no eran pingüinos sino hipopótamos, pero ya como aves quedó inaugurada la concentración allá por 1982. Los organizadores y excelentes animadores y anfitriones son los mismos hasta el día de hoy: los miembros del Club Turismoto de Valladolid. Las cifras de asistencia desde entonces no han dejado de crecer en cada edición y la crisis parece no afectar estos números. Y es que en la “pingüinera” se puede ver gente de todo tipo y condición: desde los que van en pandilla a los que van por libre; los “expertos” que alardean de insignias de ediciones anteriores y los “novatos” que se pasman ante el espectáculo que descubren por vez primera, jóvenes y viejos, hombre y mujeres, niños y animales de compañía…
La concentración arranca con la llegada el viernes en su mayoría y pagar la necesaria inscripción para adquirir la insignia: el pigüinero de hierro, para muchos más valorada que la medalla al Mérito Civil. El fin de semana discurre entre muchas actividades que los organizadores preparan para los asistentes. Siempre hay una excursión a alguna localidad vecina (arranca al mediodía del sábado), en la que lo más emotivo no suele ser el destino, sino el camino, una espectacular caravana multicolor compuesta de miles de motos. Conciertos en vivo, concursos, repartos de premios… y otras propuestas tan sugestivas como la procesión nocturna de antorchas forman parte del apretado programa de festejos.
Para alojarse y comer en los establecimientos locales puede haber problemas si no se ha reservado con mucho tiempo. El impacto que produce la repentina aparición de más de 30.000 motos en los servicios de la zona es fácilmente imaginable. Muchos Pingüinos levantan sus tiendas en el lugar de la concentración, que suele caldearse con gran cantidad de hogueras cuya madera proporciona acertadamente la organización.
En fin, todo es emocionante en un evento, que es sobre todo un derroche de gregarismo, algo que caracteriza el espíritu motorista, que no es más que ganas estar cerca unos de otros, disfrutar de una afición común y pasar un buen rato compartiendo hoguera, vino y viandas, en el riguroso frío invernal castellano.
Y mientras los Pingüinos están ya emigrando, ahí van unas fotos de la edición de 2012.
¡Feliz Pingüinada!
Tags: pingüinos Valladolid
Por Pedro Pardo
He recibido del amigo Guillermo una invitación para su exposición de fotografías de faros de la Península Ibérica. Dice el texto: “Estas fotografías que presenta Guillermo Ariza y Lopez de Ceballos y todas esas cosas, son solo una pequeña muestra de un extraordinario trabajo que viene haciendo desde hace tiempo: Recorrer en motocicleta toda la península ibérica en busca y captura de los 137 faros que existen, las rutas, su localización y libro de viaje de este caballero medieval moderno. ¡Ahí es nada!”
Él tiene sus razones para elegir ese tema como inspiración para su proyecto fotográfico. Y también debe tenerlas para realizarlo recorriendo miles de kilómetros sobre su moto. ¿Establece, acaso, alguna relación entre la soledad de los faros y la soledad de conducir cientos de kilómetros en una motocicleta?¿Predispone el viaje en moto a ver con otros ojos los paisajes más solitarios?. Guillermo Ariza parece contestar con sus fotografías. Aquí tenéis dos muestras. Y si pasáis por Madrid, no os la perdáis.
Tags: faro matxitxaco faros Guillermo ariza Hacia poniente ruta de las fotos
Por Pedro Pardo
La prensa de toda España parece que se puso ayer de acuerdo en publicar en portada la misma fotografía: la de un palestino atado a una moto y arrastrado, probablemente, hasta morir (si no estaba ya muerto). Un grupo de otra media docena de motos escoltan a la de los verdugos. Un hecho horrible y una visión no menos terrible.
Iba a reiniciar, precisamente hoy, después de una ausencia sólo en parte voluntaria, mi compromiso con este blog. Pero mejor lo dejo para otro día. Se me ha cortado el cuerpo.