Por el Mundo en Moto

ANDORRA Y EL PORT D’ENVALIRA, EL MÁS ALTO DE LOS PIRINEOS
Por Pedro Pardo

 


 

De Puigcerdà a la Seu d’Urgell, 97 km.

 
 

Ahora mismo las cumbres más altas de este sector de los Pirineos están cubiertas de nieve y si el paisaje ya es de por sí imponente, con el manto blanco sobre sus espaldas llega a parecer el Himalaya, pero con carreteras francesas. El frío es cosa aparte, pero nadie ha sucumbido a la congelación y, si no, ahí está el Motoclub Monrepós, a punto de celebrar la VIII edición de la Ruta de Los Penitentes por los puertos míticos del Pirineo central.

 

Desde Puigcerdà se entra en territorio francés por la N 116 pero inmediatamente se toma la N 20 para dirigirnos hacia el col de Puymorens. El tramo no es de los mejores de la larga travesía de la cordillera, pero tiene algunos puntos de indudable interés.

 

La vía recorre un área densamente poblada, con lo que ello supone de intensidad del tráfico pesado. Pero la garganta de la Fou, en cuña como un hacha, ameniza la ruta justo antes de alcanzar el col de Puymorens (1.920 m) que, a pesar de su altura, no es equiparable en vistas panorámicas a tantos otros del Pirineo, aunque el perfil de los picos orientales no dejan de tener su atractivo. Sin nieve quedan a la vista las pistas de esquí que llegan hasta el puerto. En el paso aún se mantiene en funcionamiento una veterana instalación hotelera. Para tenerlo en cuenta porque, en el Pirineo, nunca se sabe.

Pirineos nevado
Vistas de Pirineos nevado

 

El port d’Envalira (2.408 m) es el más alto de toda la cordillera, y eso imprime carácter. Su espectacularidad lo convierten en uno de los puntos fuertes, un hito imprescindible para quien ruede con el propósito de cruzar los mejores pasos de montaña del Pirineo. Las vistas sobre los Picos Orientales de la Fuente Negra, una agrupación de altas peñas oscuras, es extraordinaria y constituye uno de esos paisajes que solo nos lo podemos perder si lo encontramos cubierto por la niebla.

 

Ascenso y descenso resuelven pronunciados desniveles mediante curvas de casi 360º en fuerte pendiente, todo un reto a la habilidad para pilotar en esas condiciones una moto y, encima, gozar haciéndolo. Un recorrido exclusivo para los buenos aficionados, para los apasionados a viajar en moto por el mundo, aunque este solo sea abordable con revueltas increíbles. Hay un túnel, solo recomendable por causas climatológicas severas.

 

En el puerto, cuatro gasolineras, un hotel y una cafetería nos devuelven a la civilización. El descenso hasta Andorra la Vella es largo y algo indigesto.

 

A Andorra la Vella, la capital de este minúsculo Principado donde el catalán es la lengua oficial, llegan multitud de motoristas tanto desde España como desde Francia en busca de buenos precios para todo tipo de equipamiento y recambios para la moto (gracias a su privilegiado estatus fiscal el diferencial con los precios de España suele ser en torno a un 20 por ciento más barato, aunque, lógicamente, oscila bastante. Los productos de lujo son un caso aparte y, si cabe, más ventajoso). También la gasolina es algo más barata. Además de eso, ofrece de interés algunos parajes naturales y unas cuantas iglesias románicas de notable factura.

 

La carretera CG2 (prácticamente la única si exceptuamos algunas secundarias para uso casi exclusivo de esquiadores) lo cruza en su integridad desde al nordeste al sur, o lo que es lo mismo, desde el port d’Envalira, que la comunica con Francia, hasta el puesto fronterizo con España, cerca de La Seu d’Urgell, unos 40 km con una altísima ocupación humana pero no exenta de algún que otro trazado emocionante.

 

¡Magnífico recorrido para esta primavera!

 
 

Pirineos nevado

 
 

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¿HAY VIDA MÁS ALLÁ DE LA COSTA?

 


 

En moto entre Gandía a alicante por la sierra. 100 km aprox.
Por Pedro Pardo

 

Admitámoslo, los grandes centros turísticos de la Costa Blanca son un agobio en temporada, y las carreteras que los comunican un suplicio que pone a prueba la paciencia de los motoristas. Pero mucho más cerca de lo que cabe imaginar se abre un territorio espléndido que se conserva con una belleza original y primigenia. Apenas a una veintena de kilómetros de la línea de la costa, extensos bosques de naranjos y mandarinos crecen donde siempre lo han hecho, y las terrazas en las que se asientan los almendros, ahora cuajados de flores blancas, parecen construidas hace más de mil años. Esta ruta cruza la sierra de Aitana por un suave paisaje en el que sobresalen algunos puertos que nunca llegan a ser difíciles pasos de montaña.

 
 

Vall de Gallinera
Vall de Gallinera
Asfalto CV 778
Descenso por la CV 778

 
 

Gandía y la huerta

Se sale de Gandíaz por la N 332 hasta Oliva, donde tomamos la CV 715, un trazado rectilíneo que cruza campos de naranjos, con la calzada en buenas condiciones.

 

Desde Parcent se inicia el sinuoso ascenso a un pequeño puerto, el coll de Rates (780 m), por una carretera bien cuidada y sin dificultad alguna. Desde lo alto se alcanza una panorámica magnífica del valle, tapizado de naranjos y limoneros, con Pego dominándolo, y la línea azul que traza el mar, a mano derecha.

 

El descenso va bordeando un profundo valle en el que se escalonan las terrazas pobladas de almendros. Es este un sector olvidado entre lomas de roca donde apenas crecen los arbustos. Instalada entre estas soledades, la población de Tárbena, un curioso pueblo con algunas tradiciones más mallorquinas que levantinas. Por ejemplo, se habla el catalán de Mallorca… ¿por qué? Pues parece ser que durante algunos siglos a los piratas de las islas, que eran muchos, cuando se les atrapaba se les confinaba en esta aislada población. Y ya se sabe de la fogosidad de los piratas…

 

En Callosa d’en Sarriá abandonamos la CV 715, para tomar la CV 755, dirección Guadalest. Este es, sin duda, el rincón más pintoresco de la sierra y, dada su proximidad a centros de turismo tan masivos como Benidorm, Altea o Calpe, es también uno de los más visitados. Su emplazamiento, al abrigo de un abrupto peñasco sobre el que se alza su castillo, es soberbio. Al casco histórico se accede cruzando un túnel horadado en la roca. Se debe dejar la moto a la entrada del pueblo, ya que todo su conjunto urbano es peatonal.

 

El ascenso al puerto de Confrides (966 m) es suave y se va transformando en un trayecto cada vez más aéreo a medida que nos aproximamos a las masas de pinos que alfombran las cotas más altas.

 

El sinuoso descenso del puerto lleva hasta las proximidades de Benasau, localidad a la que no llegamos ya que tomamos la desviación a Alcoleja para iniciar, inmediatamente, la subida al puerto de Tudons (1.024 m).

 
 

Ruta Gandía a Alicante

 
 

De la cima al mar

La carretera CV 778 se ve obligada a ganar una buena altura en poca distancia, por lo que el trazado es endiabladamente zigzagueante. En la misma cima mejoran las cosas.

 

La vista desde el puerto es espectacular. Dominándolo todo se alza el Aitana (1.558 m), monte que da nombre a la sierra. Desde lo alto del puerto sale una carreterita que llega hasta su cumbre, pero es necesario pedir permiso pues es zona de instalaciones militares.

 

Cruzamos pueblecitos como Relleu y Aguas de Busot antes de salir a la N 332, cerca de Campello, cruzando bajo la autopista AP7.

 

Desde Campello hasta Alicante el trayecto corre paralelo a la línea de la costa, formada por larguísimas playas de arena dorada, todas urbanizadas de tal modo que son pocos los trechos libres de una alta fachada de algún edificio construido en primera línea de playa. El tráfico es muy intenso y en temporada alta el ambiente puede ser un poco asfixiante.

 

Alicante es una ciudad luminosa, seguramente debido a su orientación hacia el Mediodía, la transparencia de su luz o la anchura de sus avenidas, o quizá por todo ello a la vez, pero lo cierto es que esa luminosidad es lo primero que percibe el viajero al llegar. Como Girona respecto a la Costa Brava o Málaga a la Costa del Sol, Alicante es la capital de una potencia turística, la Costa Blanca, y, sin embargo, este hecho no ha supuesto la desaparición de su personalidad. El turismo aporta riqueza a la ciudad, y eso se nota. Es una ciudad pulcra y agradable, con una vitalidad que es patente a todas las horas del día y de la noche. Pasear por su casco histórico y su rehabilitado y animado puerto deportivo o descansar en alguna terraza, pueden suponer un par de horas.

 
 

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EN MARZO, LA RUTA DE LAS VINAGRERAS

 


 

De Málaga a Jaén en mil ochenta curvas. 200 km aprox.
Por Pedro Pardo

 

La vinagrera es una florecilla amarilla que coloniza las cunetas de una manera tan tupida que parece que ha habido que pasar un cortacésped para que emerja la carretera. Revientan en el mes de marzo, del mismo modo que las amapolas lo hacen en las carreteras de Castilla durante el mes de mayo y, cuando llega abril, se acabó el jolgorio. La ruta que aquí se propone son dos centenares de kilómetros dibujados con más de mil curvas y coloreados de vinagreras.

 

Se trata de antiguas rutas hace tiempo en desuso, paisajes solitarios y abruptos, panorámicas tan vastas como fascinantes desde una multitud de puntos distintos que van apareciendo en el trayecto, todo eso, y más, ofrece el itinerario que aquí se expone, que constituye una alternativa realmente mototurística a las vías rápidas que conectan las capitales andaluzas.

 
 

Campo de vinagreras
Campo andaluz lleno de vinagreras.

 
 

La ruta parte de Málaga, ciudad de la que poco más se puede añadir de los mucho que de ella se ha dicho: es preciosa y poco tiene que ver con el tópico de las localidades machacadas por el turismo, a pesar de ubicarse en uno de los sitios más turísticos de Europa: la Costa del Sol.

 

Hay dos sectores claramente diferenciados. La primera parte del recorrido se hace por los montes de Málaga (para los malagueños, simplemente, “los montes”), una masa de pinos que cubren prácticamente todo el territorio por el que circulamos; y la segunda, por el sector que se abre desde el puerto de los Alazores, a unos 50 km de iniciado el recorrido; desde este punto un auténtico océano de olivos se adueña de los llanos y de las sierras, encaramándose por las lomas y los collados hasta cubrir todo lo que es capaz de abarcar la vista en la lejanía.

 

La referencia que hay que seguir para salir de Málaga es la “salida a los Montes”; todo el mundo lo conoce. La primera parte del recorrido, la que corresponde, de ahí el topónimo, a los montes de Málaga, se desarrolla por una carretera de montaña, con sus dos líneas continuas pintadas a los lados, con el firme en buen estado. Es tan sinuosa que difícilmente se consigue rodar con la moto vertical por un buen rato.

 
 

Ruta de las vinagreras

 
 

Los primeros kilómetros, una rápida ascensión entre pinos por una carretera horadada en la roca, están flanqueados por multitud de ventas y establecimientos hosteleros de todo tipo ya que se trata de una de las áreas de ocio de la capital. Así hasta la fuente de la Reina, una fuente ornamental dedicada a Isabel II con motivo de un viaje al lugar. De aquí parte una carreterita que lleva hasta el centro de interpretación del Parque Natural Montes de Málaga. También en este punto se abre una venta muy frecuentada por motoristas y ciclistas, igual que en el puerto del León (960 m) unos metros más adelante. El descenso es más suave y la cobertura vegetal, más rala, aunque las vistas sobre las encrespaduras de la sierra ganan en grandiosidad.

 

Tres kilómetros más adelante de Colmenar dejamos la carretera que traemos para tomar la que se dirige a Loja (40 km más adelante) por el puerto de los Alazores (1.028 m), más estrecha, pero también en buen estado de conservación.

 

Hace su recorrido pegándose a la sierra de Camarolos, en suave ascensión por un territorio solitario en el que se dispersan blancos cortijos y pueblecitos con sus tejados de teja árabe. Al otro lado de la carretera, campos de cereales y algunas hileras de olivos, que se convierte en un inmenso tapiz de olivares una vez rebasamos el puerto. La primera visión de ese inmenso océano de árboles dispuestos en hileras es impactante.

 

Desde Loja, importante localidad de sabor morisco, se sale en dirección Almedinilla por una carreterita estrecha, a tramos en condiciones manifiestamente mejorables, y otros francamente malos, pero que vale la pena tomar porque lo haremos por el puerto de Ventorros de Zagra (900 m) rodando en todo momento impresionantes olivares. Hasta Alcalá la Real, la carretera recupera la raya del medio y las condiciones mejoran ostensiblemente.

 

Se deja atrás Alcalá la Real, una población grande (tiene unos 20.000 habitantes) a los pies del cerro donde aún se conserva la alcazaba de la Mota, por la N 432 (dirección Córdoba) para abandonarla rápidamente por otra, muy estrecha (para rodar a no más de 50 km/h, aunque en bastantes curvas indican limitaciones de velocidad de 30 km/h) y que nos conducirá hasta Jaén vía Valdepeñas de Jaén (desde aquí hasta Los Villares, unos 25 km más adelante, estaba en obras en 2009). Conducción, pues, muy tranquila, como si se tratase de recorrer a caballo este territorio escarpadísimo de la Sierra Sur de Jaén. Vale la pena.

 

Al llegar a Jaén, y antes de adentrarnos en la ciudad, lo mejor que podemos hacer es subir con la moto al castillo de Santa Catalina para, desde allí, obtener unas vistas extraordinarias tanto del entramado urbano jienense, como de los alrededores, con el abrupto paisaje de montaña dominándolo todo, y el mar de olivos trepando por las lomas hasta la cota en la que solo deja a la vista su pedregosa encarnadura.

 
 

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