Por Pedro Pardo…
DE ALGODONALES A JIMENA DE LA FRONTERA (CÁDIZ)
Este recorrido es uno de los mejores de esta pequeña antología de los diez tramos de carretera más fascinantes para recorrer en moto de toda España. Discurre por una Andalucía sorprendente, agreste como pocos territorios de la Península, cubierta de espesos y gigantescos bosques, tan auténtica como olvidada de Dios y de los hombres.
Hay puertos desde el que parece tocarse el cielo con los dedos, y panorámicas aéreas más apropiadas de sistemas montañosos de mayor porte. Los inviernos y el abandono han deteriorado parte de estas carreteras, pero ello no mitiga el enorme placer que produce el recorrer en moto varios cientos de curvas entre árboles, flores y nubes. El trasero sufrirá, pero, sin lugar a dudas, habrá valido la pena.
El puerto de Las Palomas
No hace mucho, en este mismo blog, escribí: “Puerto de Las Palomas; así se llama el que es para mi el mejor puerto de montaña de toda España. Los hay magníficos en Los Pirineos (aunque el mejor se encuentra en la vertiente francesa: el col d’Aubisque, que es de los que quita el hipo); también en Gredos y en Picos de Europa, pero este que cruza la sierra de Grazalema, en Cádiz, desde su vertiente sur a la norte, es caso aparte.
Sería imperdonable que quienes rueden por las proximidades no lo encaren como unos de los grandes atractivos de su viaje. Sé de quien hizo el descenso dos veces seguidas el mismo día. Y no es de extrañar.” Pues bien, ya está casi todo dicho. Además, y ya que no hace mucho que se ha arreglado, las condiciones de conservación son buenas.
Hasta que llegamos a Grazalema, en la otra vertiente de la montaña, se rueda por una carretera cuyo trazado es un prodigio: más que en moto parece que nos desplazamos en ala delta o ultraligero. Las panorámicas aéreas son sorprendentes y el tramo es emocionante de verdad.
La Manga de Villaluenga
Desde Grazalema hasta Ubrique, el recorrido consiste en un suave descenso a los pies de poderosas paredes verticales de roca entre praderas de montaña. Un poco antes de alcanzar Benaocaz se pasa por la Manga de Villaluenga, un curioso valle con un perfecto perfil en U. Fascinante. En una exhlación se llega a Ubrique, de poderosa imagen desde lejos y de poco encanto de cerca, de modo que mejor continuar: ¡una maravillosa carretera nos espera!
Nati Palomo con su Deauville por la Manga de Villaluenga
El puerto de Galiz
En los casi 60 km entre Ubrique y Jimena de la Frontera se cruza el bosque de alcornoques más grande de Europa (solo hay otro más grande en el mundo), protegido como Parque Natural de los Alcornocales, que ostenta otro récord, el de ser el de mayor superficie de España. Espérese echar no menos de hora y media en el recorrido entre ambas poblaciones, parada incluida en la venta del puerto de Galis.
Es este un puerto con una venta de la que es fácil de fantasear como antro de mala muerte de contrabandistas y bandoleros de otra época. Sea como sea, hoy es otra cosa: muy frecuentada por cazadores, ciclistas y motoristas, es parada obligada para probar sus platos de caza, sobre todo el venado y el jabalí.
El tramo es tan hermoso como solitario: para disfrutarlo pilotando a corta velocidad, aunque el firme se encuentra en muy buen estado ya que se ha arreglado no hace más de un año. De vez en cuando vale la pena detener la moto y apagar el contacto. El silencio es impresionante.
Tras una ración de kilómetros que sientan muy bien, aparecen las casas blancas de Jimena de la Frontera, alineadas como los limoneros en las terrazas de las zonas montañosas. En lo alto del cerro aún quedan restos de un viejo castillo árabe, desde donde se domina una vasta panorámica sobre las alturas de la Sierra Bermeja, ya en las vecinas tierras de Málaga, y del mar en la lejanía.
Para repetir…
Pedro Pardo es autor de las guías España en moto y Los Caminos de Santiago en moto.
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Por Pedro Pardo…
LOS TRES GRANDES PUERTOS DEL PIRINEO ARAGONÉS
Para vivir la intensidad de la experiencia de conducir por los grandes puertos de montaña (por encima de los 1.400 m) del sector aragonés de la cordillera, hay que abandonar momentáneamente el Eje Pirenaico, que corre paralelo a la alineación montañosa, y encaminarse hacia Francia para cruzarla por diferentes pasos en un recorrido de ida y vuelta. Quien se decida por emprender esta ruta una vez acabe el invierno, no se arrepentirá de adentrarse en el país vecino; allí le esperan localidades encantadoras, carreteras extraordinariamente agradables y una gastronomía de primera. Y no hay que asustarse con los precios; hace tiempo que son muy similares a los de este lado de la frontera.
Puerto de Cotefablo
Desde Aínsa hasta Broto son casi medio centenar de kilómetros muy agradables de conducir, por lugares tan llamativos como las majestuosas paredes rocosas del Tozal de Mallo, ya en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido que es, junto al de los Picos de Europa, el más antiguo de España (1918) y uno de los tres primeros que se crearon en Europa. (Nota para excursionistas a pie: el valle de Ordesa es una de las posibles rutas para llegar al Monte Perdido, 3.355 m, siendo la más frecuentada y la de perspectivas más imponentes. La carretera termina en una explanada donde se ha instalado el aparcamiento, totalmente abarrotado a lo largo de todo el verano).
De vuelta a la N 260, la ruta inicia un sinuoso y pronunciado ascenso por un territorio deshabitado hasta el puerto de Cotefablo (1.423 m). Este puerto ha merecido todo tipo de apelativos desde que fue incluido en la ruta anual Los Penitentes que organiza el moto club Monrepós (nombre de otro puerto aragonés). “Gran Serpiente de asfalto” o “Gran Coloso” son algunas denominaciones que se han usado para nombrarlo, lo que, sin duda, ha excitado la imaginación de muchos motoristas. Ahora es uno de los puertos pirenaicos más populares entre aficionados a viajar en moto de toda España.
Desde el puerto hasta Biescas hay unos 14 km y todo el trayecto transcurre por un paisaje muy característico del Pirineo, formado por grandes lomas cubiertas de pinos y anchas praderas en las cumbres, agostadas en verano.
Puerto de Portalet
Tomamos dirección a Francia para rodar bordeando el embalse, que parece un gran lago de montaña, hasta dar con el cruce que indica Panticosa. Vale la pena tomar el desvío (son 20 km entre la ida y la vuelta, ya que la carretera muere en el balneario). Se rueda por una carretera estrecha que trepa suavemente por una garganta de roca desnuda en la que crecen algunos pinos. Va a dar a uno de los rincones más encantadores de todo el Pirineo: un lago de aguas azules en el que se reflejan las abruptas escarpaduras de los Picos del Infierno, desde el que se precipita una cascada. El lugar tiene el estilo propio de los balnearios decimonónicos, con apacibles jardines y paseos e instalaciones hosteleras de rancio sabor.
Una vez en la carretera A-136, apenas unos 17 km más adelante, tras un ascenso que nunca es de pendientes fuertes ni de curvas reviradas, se alcanza el puerto de Portalet (1.794 m) en medio de un entorno de alta montaña: una desolación mineral sometida a los rigores de estas alturas. Frente a las ventas de la carretera se reúne un buen número de motos del país vecino. Magnífico sitio para fraternizar. (Viajando en solitario, en este puerto me encontré con otro solitario en moto con aspecto de bohemio trotamundos. Era inglés y resultó ser el presidente de una gran petrolera. No llevaba guardaespaldas).
Puerto de Somport
La ruta se despeña desde el paso del Portalet hasta el valle d´Ossau a la par que las aguas de la Gave de Bousset. Por encima de nuestras cabezas, la mole fracturada del Pic du Midi (2.877 m), todo un carácter cuyo perfil es reconocible desde muy lejos.
Pau es un excelente destino donde vale la pena pernoctar; de ese modo se dipone de tiempo para pasearla, cenar, hacer alguna compra gastronómica (si os queda algún espacio libre en los maleteros) y relajarse tomando unas cervezas, o el vino de la región, en alguno de sus encantadores cafés
Desde esta ciudad, una carretera deliciosa que recorre un valle en el que no falta de nada (aldeas, frondosos bosques, regatos, ganados, verdes praderas…) para que resulte una pura estampa bucólica, nos lleva hasta el pueblecito de Etsaut, inicio del ascenso al mítico puerto de Somport (1.640 m. ¡Ojo!, si nos despistamos la carretera nos llevará por el túnel). Toda la ruta es, sin duda, la que más espectaculares panorámicas ofrece de la cordillera, un paisaje kárstico impresionante formado por grandes moles de roca caliza alzándose sobre rincones preciosos y densos bosques de robles. Estamos en lo mejor de lo mejor, en un sueño para motoristas en ruta. Para no perdérselo por nada del mundo.
No vale la pena Canfranc, fea, como casi todas las localidades construidas para esquiadores, no así Canfranc-estación, que es la estación de ferrocarril de esta última, una preciosidad modernista. Merece la pena detenerse e intentar sorprender a algún fantasma entre estas viejas instalaciones abandonadas. Y claro, Jaca, la capital del Pirineo Aragonés, hito fundamental del Camino de Santiago y muy atractiva localidad, donde vale la pena hacer noche y probar lo mejor de la gastronomía altoaragonesa.
Pedro Pardo es autor de las guías España en moto y Los Caminos de Santiago en moto.
Por Pedro Pardo…
Somiedo y el puerto, en Asturias: 50 km de ensueño
Si pretendemos adentramos en la montaña asturiana desde el Norte, la referencia es la pequeña localidad de Belmonte, en la AS 227. Desde ella (dotada de infraestructura hostelera suficiente para hacer una parada si llevamos ya un buen número de kilómetros en el trasero), hasta Piedrafita de Babia, ya fuera del área que delimita el Parque Natural de Somiedo, son algo más de 50 kilómetros de gloria, uno de esos tramos donde ha habido quien se ha vuelto sobre sus pasos para repetirlo antes de continuar viaje.

Una auténtica antología de la curva: las hay con amplia visibilidad donde jugar con la gravedad, las hay ciegas donde ensayar el paso del caracol, hay vueltas y revueltas donde en unos 360º se salva un desnivel de vértigo; encadenamientos de muchas formando un largo serpentín encajonado entre paredes de piedra y el cauce del río… algo único.
Impresiona la enormidad con la que se nos muestran las montañas dada la profundidad por la que nos movemos (el desnivel entre valles y cumbres rozan los 1.600 m) y se comprende que en un entorno tan agreste pervivan los últimos ejemplares de varias especies en peligro de extinción. Llamarán la atención las señales de tráfico que alertan de la posibilidad de que animales invadan la calzada y lo hace… ¡con un oso! Es de suponer que la probabilidad de tal encuentro es remota, pero hay quien se ha cruzado, por otros lugares, con un toro de más de setecientos kilos.

Se tocan los meandros de algunos pequeños embalses antes de llegar a Pola de Somiedo, capital turística de la comarca.
De lo que fuera esta localidad, nada, o casi nada, queda. Edificios modernos de apartamentos lo dominan todo, aunque sin llegar a convertirse en un típico poblado orientado a deportes de invierno, y eso lo salva. De hecho, es un lugar que resulta agradable, por su emplazamiento, el regato que lo cruza y el cogollito donde se ha intentado respetar algo de su carácter de pueblo de montaña. Está bien equipada y cuenta con algunos alojamientos bastante accesibles no exentos de encanto, así como media docena de sitios donde comer, aunque casi todos con la misma oferta (no perderse el pote, lo más típico).
El puerto de Somiedo (1.486 m) marca una línea divisoria entre las dos vertientes, cada una con características diferentes. La parte asturiana es aérea; vastísimas panorámicas sobre las cumbres emergen por todos lados. La carretera es estrecha y salva pronunciados desniveles entre hayas, lo contrario que sucede en la parte leonesa, donde al dulcificarse el entorno la carretera encuentra acomodo para un trazado más amable. En la soledad sólo irrumpen pequeños pueblecitos de piedra y pizarra.
Cuando se abandona la zona, se experimenta esa especie de nostalgia que nos asalta siempre que nos alejamos de un lugar excepcional, por las emociones que nos proporciona.
Pedro Pardo es autor de las guías España en moto y Los Caminos de Santiago en moto.
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