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A Granada se puede llegar por la izquierda, por la derecha, por el norte o por suroeste, pero siendo tan bella como es, lo importante, una vez más, no es llegar sino el camino que recorremos hasta alcanzarla. Y esta ruta que aquí se propone es, probablemente, la más emocionante. Recorre de norte a sur el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas, que pasa por ser el más grande de Europa: aquí el agua es el protagonista absoluto; aquí se encuentra el curso alto del Guadalquivir; aquí se bordean grandes extensiones cubiertas de embalses hasta el punto que parte del itinerario podría hacerse en moto de agua. Cuando se sale del Parque, bordeando la sierra Mágina, a través de una inmensidad de olivos, la ruta nos lleva hasta la capital de Andalucía oriental.
Beas de Segura lo intenta, pero no termina de ser bonita; es una de tantas localidades que, desde lejos, resulta más atractiva que dentro de ellas.
Los 20 km que separan Beas de Cortijos Nuevos deberían figurar en una antología de lo mejor para mototuristas. Una carretera de montaña que ondula amablemente sus humildes dimensiones como lo hace una curva de nivel en un mapa. Delicioso.
La ruta se adentra bruscamente en un inmenso campo de olivos alineados en todas direcciones; todo lo cubre la palidez de muchos y magníficos ejemplares, excepto en la vega, donde crecen los pinos piñoneros, los alcornoques, los cipreses y las pitas. El trayecto va abriéndose ahora por un pinar hasta que, repentinamente, nos asomamos ante una grandiosa panorámica: la llanura por la que discurre el río Hornos abajo, el pico El Yermo enfrente y la crestería de la sierra de Cazorla, nevada hasta la primavera, hacia el sur.
Se deja atrás Cortijos Nuevos dirección Hornos hasta un cruce donde una señal indica “Cazorla 71 km”. La verdad es que muchos de esos kilómetros, con una infinidad de curvas, resultan realmente fascinantes.
Se trata de un prolongadísimo descenso en todo momento festoneado por pinos, olivos, quejigos, casi siempre por hileras de cipreses. No es infrecuente ver sobre nuestras cabezas el planear de alguna rapaz: águilas, alimoches, buitres leonados… (si va a ser durante más de un segundo, mejor detener la moto; es una sugerencia).
Nos adentramos en el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas, una vasta área con una riqueza paisajística, además de lo extraordinario de su biodiversidad, que la convierte en uno de los espacios naturales protegidos más importantes de España.
Desde la carretera dominamos las azules aguas del embalse de El Tranco: el caudal lo aporta el río Guadalquivir que, como el Segura, nace en esta sierra, aunque luego cada cual vaya a dar a mares distintos; aquel al Atlántico, en el litoral del Parque Nacional de Doñana; este al Mediterráneo. Como hermanos que tiran, cada uno, por su lado.
En el km 47 se encuentra la casa que aloja el centro de información del Parque Natural, en un paraje denominado Torre del Vinagre, donde es posible informarse de todas las pistas necesarias para interpretar la Naturaleza circundante.
Cruzamos Arroyo Frío, la mayor concentración de servicios turísticos de todo el Parque, una especie de Torremolinos serrano, para iniciar el ascenso al puerto de Las Palomas, entre retazos de monte donde el bosque fue arrasado por un incendio. Desde lo alto se consigue una anchísima visión del Parque, algunos de cuyos ángulos resultan particularmente espectaculares.
El puerto no solo delimita la divisoria de aguas, sino un cambio notable en la carretera, que gana en proporciones y en cantidad de pintura empleada para dibujarla. El descenso hasta Cazorla, con un paisaje totalmente distinto del que traíamos a la vista es muy gratificante.
Apenas a 2 km de La Iruela, con su castillo en posición de nido de águilas, llegamos a Cazorla, que es la capital de la sierra. Es esta una localidad sumamente agradable, con algunos interesantes monumentos y unos rincones urbanos donde detenerse, simplemente, a echar el rato en alguna terraza. Vale la pena hacer una parada y dedicarle unas cuantas horas si es que se decide seguir ruta.
Se deja Cazorla para dirigirnos hacia Quesada por la A 322, pero antes de llegar a esta localidad se toma la A 315, dirección Peal del Becerro. Parece como si la carretera fuese pidiendo permiso para pasar entre los olivos. Solitaria, parcheada a tramos, descarnada en otros, va recorriendo campos y pueblos como Quesada (hay que desviarse un par de kilómetros), con su pequeña judería y su museo dedicado al pintor Zabaleta, y Jódar, con su aspecto señorón. Desde aquí, y hasta Iznalloz, se hace por la A 401, primero, y luego por la A 323, un lujazo de carreteras, anchas, en perfecto estado y curvas de mucha visibilidad, para llegar finalmente a Granada, una de las ciudades más bellas de España.

Puerto del Veleta – © Pedro Pardo
Otras muchas rutas en España en moto.
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Decenas de playas, medio urbanas unas, casi salvajes la mayoría, se abren a las aguas esmeraldas del Cantábrico; pero, sobre todo, sirimiri, orballo, lluvia menuda, como se le va llamando a la lluvia según rodamos del este al oeste, pero no es impedimento para disfrutar de un itinerario que bordea marismas y rías por un paisaje de gran atractivo, acentuado por la suavidad de las colinas y la amplia gama de verdes que lo cubren todo, desde el intenso de los pastos, al pálido de los eucaliptos y los apagados castaños. Una vez se entra en Asturias las masas de eucaliptos se agrandan y aparecen al borde del camino las primeras casas de indiano, solitarias, sólidas y siempre con una alta palmera a su vera. Corto y precioso recorrido para quienes amen los paisajes litorales, las playas solitarias y las praderas cubiertas de hierba perenne.

Santillana del Mar es uno de esos lugares que merecen una desviación, incluso de muchos kilómetros, dado que se trata de uno de los pueblos más bellos de España. El acceso está prohibido para el tráfico rodado, por lo que la moto hay que aparcarla en las áreas de parking señalizadas.
Muy cerca de la localidad se hallan las archifamosas Cuevas de Altamira a las que se ha llamado, sin mucha imaginación, la “Capilla Sixtina del Paleolítico”. Lo que se puede visitar no es la cueva propiamente sino una fidelísima reproducción, a tamaño real, instalada en un museo anejo a la cueva.
La playa de Comillas aparece a la vista a la salida de una curva. La villa queda en lo alto y hasta el mar solo descienden algunos edificios para veraneantes. Hay en esta localidad tres muestras extraordinarias de la arquitectura modernista, de obligada visita.
Desde el cementerio, en la parte más alta de la localidad, parte una estrecha carretera que, costeando, llega a la playa de Oyambre a través del barrio de Trasvía. Hay en este lugar un restaurante-mirador con espléndida vista sobre la ría de La Rabia y el arenal que se forma en su desembocadura.
Se llega a San Vicente de la Barquera por un tramo de carretera bordeada por densas hileras de arces, nogales y castaños, que va a dar al largo puente de la Maza que salva, con sus 32 arcos, un ancho arenal. En el recoveco más abrigado del estuario se apiñan los barcos de esta villa de larga tradición marinera.
El sector asturiano de la ruta discurre entre praderas, masas de eucaliptos y retazos de bosque atlántico, en los que abundan los castaños y los arces. Hay algunos tramos verdaderamente lujuriosos, entre colinas mullidas por la vegetación y el vaho que suda la tierra los días húmedos. Uno de esos tramos de carretera que da pena que se termine.
El aspecto de Llanes está condicionado por su orografía, encajonada en un estrecho valle del río Carrocedo que, al encontrarse con el mar, se convertirá en la ría de Llanes, también angosta, habiéndose canalizado entre paredes de piedra hasta el rompeolas.
No se ha de olvidar que la localidad posee un buen número de monumentos de enorme interés y un gran encanto el puerto, en cuyo espigón se amontonan los Cubos de la Memoria que no son sino los grandes cubos de cemento del rompeolas pintados por el pintor vasco Agustín Ibarrola, del mismo modo que lo hizo con los árboles del Bosque de Oma, en Vizcaya.
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La sierra de Ayllón, con picos por encima de los 2.200 m, es una prolongación de la de Guadarrama y, sin embargo, es una gran desconocida. Pero es este un recorrido que, en moto, va de lo agradable a lo emocionante y cuanta más belleza paisajística, más estrecho se torna el camino; a más espectaculares panorámicas, más castigado el asfalto por los hielos y los torrentes de primavera. Francamente: algo excepcional.
Por cierto, es la frontera meridional de las hayas: aquí sobrevive el último bosque de esta especie, lo que hace que lo miremos con otros ojos. Además, en las faldas meridionales de los montes, en prolongado y suave descenso hacia la llanura manchega, se esparcen pueblos construidos con pizarra, material que siempre han tenido a mano, dando lugar a lo que se ha llamado la arquitectura negra.

Se deja Guadalajara por la CM 101 para entrar en un ancho valle regado por el Henares. Ocupado por huertas y frutales, permanece verde a lo largo de casi todo el año. Al fondo, como un decorado inspirado en los desiertos de Almería, se alzan los resecos cerros planos en su cima, testigos del nivel en el que se hallaba la meseta en lejanos tiempos. Alguno de estos altozanos ha sido elegido por aficionados al ala delta y el parapente como puntos de despegue y es frecuente verlos sobrevolar estos cielos inmensos.
Humanes es un pueblo manchego de gran carácter. Desde esta localidad se inicia una progresiva aproximación a la sierra, que se eleva azulada en el horizonte de la vertiente norte. Los pinos cubren las lomas y los álamos se alinean en los barrancos. El paisaje proporciona una confortable sensación de sosiego.
Desde Cogolludo hasta Tamajón continúan los campos solitarios con álamos en las riberas y retales de pinos en todo el descenso hasta el río Sorbe. Desde aquí la carretera se ondula (a veces se retuerce, minúscula) para llegar hasta Tamajón. Conducción más que tranquila, sin pasar de segunda. Al menos, el entorno ofrece compensaciones para tanta tranquilidad.
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Campillejo, Campillo de Ranas y el mismo Majaelrayo, a los pies del pico Ocejón que domina el perfil serrano desde la lejanía, son pueblos de pizarra negra, material que brilla en los bordes de la carretera desde que iniciamos la aproximación a la sierra. Campillejo está muy reformado. Desde este último pueblo sale una pista hacia Cantalojas (22 km) que llega hasta el Hayedo de Tejera Negra, que da nombre al Parque Natural que ocupa una parte de la vertiente sur de la sierra. Solo apto para intentarlo con moto todoterreno.
En Majaelrayo se inicia un largo trepar hasta el collado de La Quesera (1.737 m). El paisaje es aquí verdaderamente espectacular; las vivas encrespaduras rocosas ofrecen el contrapunto a los suaves perfiles de montañas más viejas, pero todas ellas delimitan profundos y estrechos valles. En la laderas, los pinos cubren vastas extensiones, a veces compitiendo con masas de robles y, en algún punto, con los enebros.
La subida se hace interminable, de lo que hay que sacar provecho para detenerse cada dos por tres y disfrutar la oportunidad de observar un paisaje formidable.
Desde el collado se inicia un rápido y pronunciado descenso por la cara norte de la sierra hasta alcanzar Riaza, casi completamente cubierta de hayas. Es tan vertical que se alcanza el nivel de la meseta castellana en un suspiro de motor.
Se sale de Riaza para alcanzar, unos 22 km más adelante, la SG V 1111, por una carretera con muy buenas curvas hasta Villacorta y algo más cerradas desde este punto hasta Santibáñez de Ayllón, en el fondo de un valle estrecho entre colinas, ya en la SG V 1111, donde empeora la carretera.
Hemos dejado atrás varias aldeas muy pintorescas, de pronunciada tonalidad rojiza que le proporciona el color de la piedra utilizada para construir las casas tradicionales; es el caso de Madriguera y El Negredo.
Entre tupidos bosques de pinos, tomamos la desviación hacia Galve de Sorbe, estrecha carretera de montaña con muchas vueltas y revueltas. 14 km más adelante, en un cruce se avisa de la proximidad de Umbralejo. Hay que llegar hasta las puertas de esta aldea pero no está permitido entrar con vehículos. Se trata de un pueblecito que fue totalmente abandonado a principios de la década de 1970 y posteriormente recuperado por numerosos colectivos. Hoy no vive allí nadie pero se ha convertido en el lugar más visitado de toda la sierra. |
Hasta Cogolludo hay 28 km de conducción de lo más grata; recorrido aéreo con vistas de vastos horizontes, curvas muy abiertas, bien asfaltado el camino, soledad acentuada por amplias extensiones de brezos y matorral. No se puede pedir más.
En Veguillas retomamos la CM 1001 que nos llevará primero a Cogolludo y, luego, a Guadalajara por el camino que trajimos a la ida.
Otras muchas rutas en España en moto.
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