Por el Mundo en Moto

ELLAS, MOTORISTAS

Por Pedro Pardo

 



 

Sucedió el domingo pasado. Cazalla, Sierra Norte de Sevilla. Nati acaba de llenar el depósito de su Deauville y, sin quitarse el casco de la cabeza, se acerca a caja y deposita su tarjeta de crédito. El gasolinero le pide el DNI y ella se lo muestra. “¡Joé, que me está usted enseñando el carnet de su mujer!”, exclama antes de cortarse como una paraguaya cuando Nati se quita el casco. Y remata: “¡Ah, usted es su mujer!”. Imposible explicar que no; con la boca llena de risa no se puede.

 

Tengo un libro sobre la historia de Vespa. Las mujeres que aparecen en la publicidad de la legendaria scooter parecen maniquíes: guapas, elegantes, eróticas, algunas en biquini, otras en minifalda. Casi nunca aparecen hombres, pero es fácil adivinar que los mensajes no van dirigidos a esas mujeres. Basta con que ellos entiendan que a ellas les gustaría darse una vuelta en Vespa, como a la princesa Audrey Hepburn cuando se agarra a Gregory Peck en la maravillosa película “Vacaciones en Roma”. Cómpratela y ya verás la de vueltas que les vas a dar, venían a decir.

 

Con el tiempo la cosa no mejoró y algunas marcas muy conocidas hacían promoción de sus nuevos modelos con fotos de señoritas de calendario de los que se cuelgan en la celda de un presidio, silicona incluida. Lo sabe todo el mundo, incluso los fabricantes de motos, la potencia entre las piernas las atrae. Propio de equipos de marketing formado, seguramente, por expresidiarios.

 

Pero la irrupción de las mujeres, como en tantos territorios antes exclusivamente de hombres, en el mundo de la moto comenzó discretamente, pero de modo inexorable. Y así se empezaron a ver mujeres pilotando sus propias motos por las carreteras de España, peñas enteras aparecían en Los Pingüinos o en Faro, y las primeras pilotos de pruebas, como la barcelonesa Esther Nubiola, empiezan a publicar en revistas especializadas sus valoraciones sobre motos tan “masculinas” como la V-MAX de Yamaha, o la XR 1200 de Harley. Y hay que conocerla para comprobar lo maravillosamente femenina que es. Esther, claro. Incluso hay algún fabricante (Harley Davidson para más señas), que organizan un Día Internacional de la Mujer Motorista, todos los meses de mayo desde 2007.

 

Pero, todavía, es demasiado frecuente una evolución de la relación de muchas mujeres con la moto que podría resumirse de este modo:

 

1/La gran mayoría de los “paquetes” son mujeres, es cierto. “Lo hacemos por amor a la pasión de tu chico”, dice Ana, una veterana paquete.

2/La gran mayoría de los “paquetes” se hartan de serlo. No todas, pero muchas, sí.

3/ Así que muchas desertan, para alivio de todas las partes.

4/ Pero otras se emancipan, motorísticamente hablando, y se compran una moto, como Nati, que se confiesa sevillana, motorista y la chica de José Ponce, por ese orden. Y ahora compiten por ver quién lo lleva mejor. La moto, por supuesto.

 

Seguiré reuniendo anécdotas disparatadas de mujeres y motos.

 

Pedro Pardo es autor de “España en moto” y “Los Caminos de Santiago en Moto”.

 

 

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¿LA MEJOR RUTA POR PORTUGAL? Desde Bragança a la costa atlántica: 250 km de fiesta.

Por Pedro Pardo

 

 

 

 


Me he hecho a menudo esta pregunta porque, con frecuencia, siento la necesidad de vivir por unos días Portugal y, claro, si además puedo hacer una ruta que me haga experimentar desde el pausado placer de rodar lento para saborear el paisaje, hasta la emoción que proporciona una carretera totalmente mimetizada en cada irregularidad del terreno, pues no se hable más, ¡carretera y manta!.

 

Mi experiencia de rodar por el país vecino me lleva a destacar cuatro grandes rutas (bueno, no demasiado grandes porque todas ella rondan los dos centenares de kilómetros; pero es que Portugal, como es sabido, tampoco es demasiado grande). Dos hacen su recorrido de Norte a Sur (o viceversa), y otras dos lo hacen de Este, donde se sitúa España, a Oeste, bañado por el Océano.

 

Entre las segundas, la más divertida es la que recorre las sierras de la Estrella (serra da Estrela) y de Lapa, muy cercanas a la raya fronteriza con España ( a la altura del norte de Cáceres y Salamanca). La otra es por la costa Vicentina, la que arranca del cabo San Vicente, en el extremo occidental del Algarve, y asciende, como por un  gran mirador del Atlántico, camino de Setúbal y Lisboa.

 

Entre las rutas que van, para entendernos, de derecha a izquierda, ambas acaban por parecer interminables; las curvas ralentizan tanto el avance que no se espere hacer un promedio de más de 50 kilómetros por hora. Pero ambas son fascinantes para cualquier motorista en ruta.

 

Una es la ruta que corre paralela al río Duero hasta Oporto, donde se produce un fenómeno casi paranormal. Por ejemplo, dice una señal “Lamego 26 km”, y al cabo de media hora de curvear sin tregua, se lee en otra “Lamego 23 km”. Increíble.

 

 

Pelourinho en una aldea de Tras os Montes

 

 

Y la que más me gusta, la que desde la preciosa Bragança, muy cerca de la frontera a la altura de Zamora, lleva hasta Braga y la costa. Más de dos centenares de kilómetros de su recorrido son una pura curva: ¡como para venir de muy lejos para recorrerlos!, igual que los surfistas van en busca de las olas únicas de una playa.

 

Hasta Chaves se cruza la serra de Montecinho que, como su nombre indica, no es sino un monte bajo (montecito). Casi todo discurre por la región de Tras-Os-Montes, tierra humilde y despoblada, pero sus pueblos poseen un encanto único. Por cierto, las carreteras, de generosas proporciones, se encuentran, casi siempre, en excelentes condiciones.

 

¡No os perdáis el tramo entre la población de Chaves (bonita) y Braga (muy interesante) donde la alta montaña, el agua omnipresente y el trazado de la carretera la convierten en de una las mejores de todo Portugal!

 

¡Ánimo y a la carretera!

 

Pedro Pardo es autor de “España en moto” y “Los Caminos de Santiago en Moto”

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La ruta de los grandes puertos del Pirineo francés

 

Por Pedro Pardo…

 

El último fin de semana de este mes de abril se celebra uno de los acontecimientos mototurísticos de más solera en nuestro país, a pesar de que sólo se han realizado seis ediciones hasta hoy. Se trata de lo que los propios organizadores denominan Ruta Los Penitentes: más de diez puertos del Pirineo de ambos lados, cerca de 800 kilómetros y no pocas dificultades (ahora mismo hay dos puertos cerrados por nieve y en cuatro se necesitan cadenas) y todo para ser recorrido en un solo día. Todo un monumento al espíritu motorista más genuino.

 

No me resisto a proponeros una ruta de apenas 200 km que, entre las localidades francesas de Bagnerès-de-Luchon y el puerto del Portalet, donde el país vecino hace muga con Aragón, ensarta cinco grandes puertos, de entre los más emocionantes del Alto Pirineo, y que forman parte de las leyendas que suelen acompañar a los pasos inaccesibles buena parte del año. Cruzarlos con nieblas matinales y tormentas vespertinas, en verano, sigue siendo lo usual y un exigente acto de voluntad. En mi “Pirineos en Moto”, de muy próxima aparición acompañando a la séptima edición de “España en Moto”, los describo de esta manera:

 

1. Col de Peyresourde

Unos 35 km separan Bagnères-de-Luchon de Arreau y, a mitad de camino, el col de Peyresourde (1.569 m) se hace presente en un humilde paso donde una venta de madera es, desde hace tiempo, punto de encuentro de cientos de motoristas de toda Europa en ruta. Ha hecho falta ascender suavemente por una carreterita que, como un hilo, va ensartando una aldea detrás de la otra. El único obstáculo son tres revueltas con pendientes del 8%. Por lo demás, un paseo.

 

El puerto comunica dos valles anchurosos que se extienden de Levante a Poniente, soleados, pues; cuando luce el sol, claro. Gran cantidad de pueblecitos de casas grises y tejados de pizarra muy inclinada, apiñándose como para darse calor, se esparcen por las laderas hasta donde la cota de nieve invernal permite. Como un frontón, cada valle es flanqueado por una pared que coronan lenguas de nieve. Nos encontramos en uno, si no el más, fascinante valle de todo el Pirineo.

 

En el descenso hacia el valle d’Aure no se apoya la mano izquierda en la empuñadura, de tanto saludar a los motoristas que viajan en sentido contrario al nuestro.




2. Col d’Aspin

Entre Arreau y Sainte-Marie-de-Campan hay 25 km de empinadísimo recorrido y, en su mitad, el col d’Aspin (1.489 m) parece un paso ganadero más que un puerto viajero. O un sendero de búfalos, por la gran cantidad de excrementos que enmoquetan la calzada.

 

Tiene poderosas vistas sobre la dos vertientes, pero lo que llama la atención a quien aquí se detiene no son las espectaculares cimas que se divisan, sino la gran cantidad de vacas mansas que aquí dormitan. Quienes lleguen pensando en un café o un refrigerio, que se lo quiten de la cabeza; aquí arriba no hay nada de nada: los pastores lo suelen llevar todo encima. Pero casi todos los pueblecitos que vamos cruzando son turísticos y, por tanto, están bien equipados de servicios de hostelería.

 

Desde lo alto se divisa Arreau en el valle pero, a tenor de lo profundo que se encuentra y, a la vez, lo cerca que está, puede uno hacerse una idea más cabal de la inclinación necesaria para ganar ese desnivel.

 

3. Col du Tourmalet

Son unos 36 km, entre Sainte-Marie-de-Campan y Luz-Saint-Sauveur, que, gracias a la ronda ciclista francesa, la más famosa del mundo, se han convertido en un mito pirenaico. Posee, incluso, su propia denominación de origen, como si de un vino de calidad  se tratase: Ruta Histórica del Tour de Francia.

 

Pues bien, el col du Tourmalet (2.115 m) es el hito geográfico de ese mito. Representa el privilegio estival de cruzarlo cuando ha estado helado buena parte del año. Es decir, se cruza cuando el Tourmalet quiere, cuando muestra sin nieve toda su desnudez de alta montaña, la roca viva que se desprende como cursos de agua desde las alturas vecinas, las descomunales moles de piedra que sobrevuelan las cabezas de quienes osan recorrerlo.

 

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Si no fuese por ese aura de aventura, y por las panorámicas más espectaculares del Pirineo central que se ofrecen a la vista, el ascenso resultaría bastante antipático: un pedregal de grandes proporciones cruzado por pistas de esquí; y desde lo alto, ya en el puerto, ante nuestros ojos, el trayecto entero que ha de recorrerse en el descenso: minúsculo, serpenteante, mineral, exigente e inhóspito. Son 18 km en los que se salvan cerca de 1.400 m de desnivel (desde los 2.115 m hasta los 711 m). En cada trecho, las señales van indicando la cota, la gradiente y el punto kilométrico.

 

Pero tanto ciclistas como motoristas le rinden culto. Cientos de motorizados, y sin motorizar, jinetes de dos ruedas lo cruzan cada día y se detienen para hacerse la foto de rigor; de las que sirven para decir: “yo estuve allí”. Un establecimiento hostelero atiende a tan alegre, y multicolor, algarabía.

 

4. Col d’Aubisque

Desde Luz-Saint-Sauveur, un amable recorrido por la garganta de Luz nos acerca, apenas 20 km más delante, a Argelès-Gazost, capital turística de toda la comarca, con infinidad de servicios de todo género, villas de abolengo, y miles de turistas deambulando por sus calles.

 

 

Desde esta localidad parte la carretera D 918 hacia Aucun, primero, y Laruns después. Pero antes de llegar a este destino hay que cruzar el col d’Aubisque (1.709 m), y aún antes, el col du Soulor (1.474 m), también con su humilde monumento al ciclismo y la recua de asnos silvestres que andan por el lugar como si fuese su finca particular.

 

El tramo que hay entre uno y otro puerto no es ninguna tontería; de hecho, hay que tener bastante cuajo para recorrerlo (sobre todo el kilómetro crítico) sin guardar el debido respeto, es decir, sin grandes dosis de prudencia. Y si bien los quitamiedos nos dan miedo a los motoristas, aquí no. Aquí da miedo el que no los haya, al percatarse de que entre estar en la tierra firme de la carretera o en las profundidades del desfiladero, cientos de metros más abajo, solo miden unos centímetros. Ese es el margen de error sino se quiere complicar las cosas al seguro. Es más, la carretera se cierra al tráfico por la noche y así se anuncia en grandes carteles que informa de los horarios en los que su recorrido está autorizado.

 

Sin duda, el col d’Aubisque es el más excitante de todos los puertos del Pirineo. No es un paso de alta montaña, es la alta montaña mostrándose en toda su grandiosidad. Más allá de mitos y nombres legendarios, este puerto es el hito fundamental de toda travesía pirenaica en moto. Imprescindible.

 

5. Puerto del Portalet

Si el col d’Aubisque es el más excitante del Pirineo, el más hermoso de todos es el ascenso al puerto de Portalet (1.794 m) desde Laruns. El recorrido se va abriendo paso por una angostura feraz hasta ensancharse de par en par a la visión del macizo más fotográfico de toda la cordillera, el pic du Midi d’Ossau.

 

Unos 30 km fascinantes que se conducen como si se tratase de imitar el vuelo de los pájaros entre praderas de alta montaña moteada de bordas de piedra. En lo alto, un bar-restaurante que también ofrece habitaciones.

 

Con Los Penitentes o sin ellos, si vuestra moto no ha recorrido aún esta ruta es que no ha hecho aún el rodamiento del todo. A no ser, claro, que ya haya cruzado los Alpes, o el Alto Atlas o…

 

 

 

Pedro Pardo es autor de las guías España en moto y Los Caminos de Santiago en moto.

 

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