Playas para perderse este verano


Jueves, 12 de julio de 2012

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Os presentamos una pequeña selección de playas singulares y paradisíacas en las que olvidarse de todo.

Playas de Empúries (Girona)

Playa de Empúries

© qlic3d/Fotolia


 

Entre las localidades de L’Escala y Roses, que da nombre a la bahía, hay un enorme arenal junto al Parque Natural de Aigüamolls de l’Empordá. Su existencia se debe a principalmente a los aportes que el mar ha ido realizando después de haber desgastado los escarpes rocosos de Cap de Creus.

 
El paisaje es abierto, con arenas amarillas y finas poco típicas de esta zona de la Costa Brava. Una escasa pendiente del fondo del litoral, hace que tengamos que andar unas decenas de metros para sumergirnos; es una playa muy cómoda y apta para divertirse con juegos en el agua. Además, una pequeña franja de bosque que flanquea  la costa y le da una atmósfera mucho más recogida.

 

Las de Les Muscleres y la del Moll Grec cuentan con el galardón de la bandera azul y prestan multitud de servicios (alquileres náuticos, sombrillas, duchas…) y están próximas a las ruinas griegas de Ampurias. Los que prefieran echar a andar a lugares más tranquilos, tienen kilómetros y kilómetros de arena por delante.

Playa de Laga (Bizkaia)

Playa de Laga, Ibarrangelu, Bizkaia

© B.F./Fotolia


 

Se trata de la primera playa al oeste de la desembocadura del Oka. En este punto, la cuenca fluvial saluda al Cantábrico, que bate con fuerza la costa de Bizkaia. Se trata de uno de los mayores arenales de todo el País Vasco, con medio kilómetro de longitud y hasta 100 metros de ancho. La ancha banda de arena tostada se ve salpicada en su marquen izquierdo por algunas rocas que desaparecen bajo el agua con la marea alta.

 

En los extremos de la playa se internan sendos espolones calizos. Al este, la punta de Asnarre, que es el inicio del Cabo Ogoño, es un buen mirador sobre la desembocadura del  río Laga, un pequeño cauce fluvial que ha excavado un estrecho valle por el que discurre la carretera que lleva a Ibarrangelua y Elanxobe, el pueblo pesquero más pintoresco de la zona.

 
La afluencia es alta ya que aquí dicen que se produce una de  las mejores olas de Europa; muchos jóvenes de todo el mundo vienen con sus tablas a probarla. Para llegar aquí desde Gernika hay que tomar la carretera que lleva a Errakalde-Arteaga; con el mar de fondo, la carretera serpentea y desciende de forma repentina ante la vista del arenal. Allí encontraremos un parking. En las inmediaciones hay bares y la playa cuenta con duchas, aseos y socorristas.

Playa de Los Muertos (Almería)

Playa de los muertos, Almería

© Juandive/Fotolia


 

Esta gran playa está reservada para los más aventureros. Virgen y perdida en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, hay que acceder a ella a pie, con un paseo algo escarpado bajo el calor de unos 15 minutos, aunque que bien merece la pena. Tiene más de un kilómetro de longitud, 30 metros de ancho y un híbrido entre arena y grava muy agradable; también aguas limpias y tranquilas, aunque algo peligrosas cuando sopla viento de levante.

 

Cerca queda el faro de la Mesa de Roldán, nombre que alude a las formas caprichosas que adoptan las rocas, llamadas relieves tabulares. Las Negras, Carboneras y Agua Amarga son tres poblaciones marineras que bien merecen una parada.

 

A la playa se llega saliendo hacia Las Carboneras desde la A7, el último acceso que conduce al extremo del Parque Natural. Desde las Carboneras, hay que tomar la carretera AL 5106 hacia Agua Amarga; por el camino encontraremos un parking donde habrá que dejar el coche para prepararse para la caminata.

Playa de Rodiles (Asturias)

Playa de Rodiles, Asturias

© Javier Castro/Fotolia


 

En la salida este al mar de la Ría de Villaviciosa, hay una playa de arena fina de un kilómetro de largo que muchos consideran como una de las mejores de España. Es de fácil acceso, con buenos servicios y, por lo tanto, popular. Pero por su tamaño y su entorno, uno puede sentirse verdaderamente a gusto aquí.

 

Tiene un aspecto salvaje que contrasta la arena con acantilados, dunas y prados. Aunque suele tener oleaje y viento -lo que atrae a surfistas-, es una playa muy agradable.

Playa de Carnota (A Coruña)

Playa de Carnota

Costa Meiga

 

En Carnota todo es desmesura: tanto la obra del hombre -con los dos hórreos más largos de Galicia y la  mayor granja de rodaballo de Europa- como la obra mucho más grandiosa que nos legó la naturaleza -montañas litorales de granito e inmensos arenales-.

 
Con más de seis kilómetros de playa y 90 metros de ancho que hacen sentirse a uno muy pequeño, este coloso no podía conservar su unidad en un país tan parcelado como Galicia, así que se divide en las playas de Caldebarcos, San Mamede, Pedra do Sal, Carnota y Cancelo. Con la marea baja puede superar los 1000 metros de anchura en algunos tramos, y cuenta con una zona de marismas y dunas donde se pueden observar aves migratorias.

 

El oleaje es fuerte, propio del atlántico. No cuenta apenas con servicios como duchas, aseos o accesos para minusválidos, y la ocupación es bastante baja. Pero el espacio es absolutamente cautivador.