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Tags: México playa Topolobampo
Categorías: Lugares Insólitos Por Tomás Cuk, el viajero impertinente
Relato en primera persona de Edgar Costa, corresponsal de Anaya Touring en Río de Janeiro.
Acabo de llegar a casa después de una noche de precarnaval. Sorteo las colchonetas del salón donde duermen los amigos que se han instalado estos días para pasar en Río la autoproclamada mayor fiesta del mundo. Dormiré apenas dos horas porque el ruido se volverá insoportable en breve. ¿Conseguiré sobrevivir al Carnaval?
Este año quiero acercarme al sambódromo para presenciar los desfiles de las escuelas de samba, pero donde realmente me quiero perder es en el llamado carnaval de rua (de la calle) y en los mas de 500 blocos o comparsas que inundan las calles de Río.
La palabra “carnaval” significa “adiós a la carne” en latín, se refiere a los últimos días en que se podía comer carne antes de entrar en la época recogida y austera de la Cuaresma. En Río se lo toman muy en serio, y lo del adiós a la carne se hace por todo lo alto: cuerpos de infarto y concursos de besos.
Besar cuantas más bocas se pueda es una especie de competición muy popular en cualquier grupo de amigos, y las masas alientan a quienes se hacen de rogar. Decenas de personas gritando “que se besen” generalmente termina en beso, aplausos… y a por la siguiente víctima.
Un dato: los besos son gratis. Otro dato: los blocos también. El carnaval de rua es la mejor manera de viajar sin gastar en la mayor fiesta de Brasil, una práctica que pone patas arriba la ciudad pero que ha ido cobrando fuerza en los últimos años. El aumento de la seguridad y la pacificación de las favelas han ayudado a que proliferen estas manifestaciones callejeras, convirtiéndose hoy en día en el verdadero atractivo para los mas de seis millones de visitantes que este año recibe Río en el Carnaval.
Pasar el Carnaval en Río puede ser muy caro, el alojamiento se eleva a la categoría de imposible estos días, ver un desfile en el sambódromo es prohibitivo, y los precios de una simple cerveza en la playa se disparan. Hagamos números: 130 euros por noche de hotel + entrada al sambódromo, 40 euros + 3 cervezas, 7 euros… En cambio los amigos que tengo en casa no pagan nada por dormir en unas formidables colchonetas hinchables, me los llevé a los ensayos gratuitos del sambódromo y preparamos deliciosas caipirinhas en casa que nos acompañan en los blocos. Y todo esto sin tener en cuenta que el Carnaval empieza ahora. Muchos blocos hacen recorridos de precalentamiento desde dos semanas antes del viernes de Carnaval, cuando el Rey Momo recibe las llaves de la ciudad y la bacanal propiamente dicha da comienzo. En mi opinión, se trata de un estilo de vida que se alarga hasta el año siguiente. Yo cumplo esta semana un año en Brasil y tengo la impresión de que vivo en un eterno Carnaval.
Tags: Brasil Carnaval Ipanema Río de Janeiro sambódromo
Categorías: Viajar sin gastar
Nuestro corresponsal en Tenerife, David Cabrera, nos da las claves para olvidarnos de todo por unos días y disfrutar de este carnaval único.
Por qué hay que venir
Porque la vida puede ser un asco, un cúmulo de miserias y días asfixiantes y sin luz, pero en Carnaval nada de esto importa. El mundo, y todo lo que contiene, se toma un respiro. Los Carnavales son para olvidar y calzarse la máscara de las grandes ocasiones, la de la felicidad, la inconsciencia, los excesos… y para dejarse llevar. Lejos muy lejos, si es posible, cuanto más lejos de uno y de lo que nos aflige, mejor. El lugar para hacerlo: la ciudad de la eterna primavera, Santa Cruz de Tenerife. El momento: durante sus delirantes y magníficos Carnavales.
Con un clima envidiable que hace olvidar la lluvia y los días grises y unas gentes bullangueras, abiertas y hospitalarias, con las que el extraño se siente como en casa, el Carnaval nos acoge a todos. Una fiesta del pueblo, para el pueblo y por el pueblo, donde el único poder es el de la gente que toma las calles como debieran tomarse el resto del año, para su uso y disfrute. Porque el verdadero Carnaval es el de las calles, no el de los grandes desfiles o concursos; es el de los ventorrillos y quioscos, el del pueblo enmascarado como todo superhéroe que se precie, el de la revolución de los sentidos, el buen rollo, el alcohol, el sexo, la música, la parranda y la fiesta.
http://www.carnavaltenerife.es/
La previa
Un trompetista en el tranvía de La Laguna a Santa Cruz a primeros de enero anuncia la llegada del Carnaval. Acaban de terminar las Navidades, pero aquí ya se vive de lleno la previa de la Fiesta de Invierno, eufemismo por el que se llegó a conocer el Carnaval de Tenerife tras su prohibición (1940-1960). Veto que el pueblo santacrucero se encargó de fintar con paciencia y espíritu jaranero. Durante esta larga previa del Carnaval se celebran todo tipo de concursos: candidata a Reina Adulta, Reina Infantil, Reina de la Tercera Edad, comparsas adultas e infantiles, agrupaciones lírico-musicales, rondallas, murgas adultas e infantiles, concurso de disfraces, de carrozas o coches engalanados, canción oficial del carnaval… Todo esto y mucho más es la previa: un estado que anuncia el gran desfase por venir.
El propósito
Se trata de una fiesta fascinante, una de esas cosas que uno debiera experimentar antes de irse de este mundo, siempre y cuando a uno le gusten las bacanales. Es la forma apropiada de decir adiós al invierno y darle la bienvenida al año nuevo disfrutando, además, de una total impunidad para ridiculizar y hacer el ridículo en un sanísimo ejercicio de autocrítica y parodia de uno mismo. Dando rienda suelta, también y por supuesto, a las críticas más corrosivas contra aquellos que nos machacan día a día desde los altares, los escaños, los despachos…
El pueblo chicharrero se toma la parodia y la crítica a través de la música y los disfraces muy a pecho. Se preparan los disfraces con meses de antelación. A veces trabajan todo el año en la confección de los trajes para los desfiles. A fecha de hoy las costureras no dan abasto. Todo el mundo trata de vestirse lo mejor posible. A los neófitos se les recomienda que se lo tomen muy en serio, nada de ponerse una peluca y punto; nada de pintarse la cara y ponerse una nariz de payaso. Aquí hay que disfrazarse como Don Carnal manda. De pies a cabeza. No tiene por qué ser de la temática propuesta (este año Bollywood, elegido por votación popular y un lema perfecto por los estrechos lazos que unen a la isla con la comunidad hindú con varias generaciones de residentes conocidos por sus tiendas de electrónica y sus magníficos restaurantes), pero tiene que ser un disfraz trabajado, completo y bien pensado. Una vez enmascarado con propiedad, entonces sí: ¡A gozar!
Orígenes
Existen documentos que datan los orígenes del Carnaval de Tenerife a finales del siglo XVIII, pero se cree que ya se celebraban mucho antes, probablemente tras los primeros asentamientos europeos. Desde entonces hasta hoy (el nuevo Carnaval de Tenerife, “Fiesta de Interés Turístico Internacional” desde 1980, cumplió 50 años en 2011 y pretende convertirse en breve en Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO), la fiesta ha calado muy dentro del pueblo chicharrero, enraizándose en su cultura y sus gentes, famosas por su pasión y buenas dotes para el cachondeo. A los habitantes de esta franja de tierra rodeada por un inmenso mar azul cobalto, esta forma de estar en el mundo, la carnavalera, se les ha metido por debajo de la piel. Le han cogido gusto a la trasgresión de las normas establecidas, a la sátira, al desenfreno y a la promiscuidad. Llegando a adorar, sin tapujos y con orgullo, los excesos en el amor, el beber y el comer. Aquí la gente vive como sale de juerga, como si mañana se fuera a acabar el mundo. Y los Carnavales son, sin duda, la mayor farra del mundo, la final olímpica de todas las fiestas. Y el chicharrero: el Usain Bolt de los fiesteros.
La calle
La fiesta de verdad tiene lugar en la calle, sobre todo en la zona centro de Santa Cruz, corazón palpitante del Carnaval, siempre a reventar de gente. Aunque también se celebra en otras ciudades y pueblos de la isla, por ejemplo en los Realejos, La Orotava o el Puerto de la Cruz. Pero las principales celebraciones tienen lugar en la capital, desde la Plaza de España hasta la Plaza Weyler, cubriendo las principales arterias del centro que se engalana como nunca para acoger este descomunal evento. La gente no para de bailar: bachata, merengue, cumbia, reguetón… ni de beber: Arehucas, el ron canarión, o Dorada, la cerveza oficial de la isla que cubre la ciudad de anuncios, los tranvías y guaguas de colorista publicidad y que ofrece unos botellines metálicos de edición especial para las fiestas. Este es su anuncio para los Carnavales de 2013:
Grandes momentos
A pesar del obvio y multitudinario desparrame, el ambiente es fabuloso, cunde una admirable hospitalidad, ausente casi por completo de delitos y hostilidad. Una diversión desmadrada pero envidiablemente cordial que tiene los siguientes hitos:
Miércoles 6 de febrero. Gala de Elección de la Reina del Carnaval. El Carnaval comienza oficialmente con esta gala.
Viernes 8. Cabalgata anunciadora. Con este desfile, en el que participan la reina del Carnaval, damas de honor, comparsas, murgas y rondallas, arranca el Carnaval de verdad, el de la fiesta en la calle. Es el día en el que salen los que no aguantan más y tienen que disfrazarse y echarse a las calles como sea.
Sábado 9. Sábado de Carnaval. Este día Santa Cruz se llenan a reventar.
Lunes 11. Lunes de Carnaval. El día grande. La locura. El despiporre mayúsculo.
Martes 12. El Gran Coso. Cabalgata diurna que anuncia el fin oficial del Carnaval.
Miércoles 13. Miércoles de Ceniza. Primer día de la Cuaresma, regreso del sacrificio y el castigo, y celebración del divertido Entierro de la Sardina. Procesión en la que se porta una enorme sardina, escoltada por hombres travestidos de embarazadas, plañideras y viudas que recorren las calles entre lágrimas. Abundan las burlas a la Iglesia y parodias de un subido tono sexual.
Último fin de semana: 16 y 17. Sábado y Domingo de Piñata. Conclusión de la fiesta. Último fin de semana con el que termina el vacilón. El sábado cuenta con el cada vez más popular Carnaval de Día. El domingo acaba con las últimas verbenas de despedida, la tradicional actuación de la filarmónica NiFú-NiFá y los fuegos artificiales o “voladores” con los que los chicharreros dicen adiós, con gran pesar, a Don Carnal.
Fin de fiesta
Si lo que dice la canción es cierto: “Ay, no hay que llorar, que la vida es un Carnaval y las penas se van cantando…”, la vida brillará, sin duda y en todo su esplendor, del 6 al 17 de febrero en Tenerife. Pero seguirá después, o eso es de esperar, en esta bellísima isla en mitad del Atlántico. El lugar ideal para pasar la más dulce de las resacas, aquí donde siempre brilla un sol tierno, y donde, a diferencia de otras islas, hay colinas y barrancos de un verdor inaudito. Y mucho más: playas de arena negra y de arena saharaui, blanca como el desierto, calas bellísimas, una exquisita cocina tradicional y unas gentes maravillosas. ¿Qué más se puede pedir? Un Carnaval eterno, vale, pero eso no hay cuerpo que lo aguante.
Tags: Carnaval David Cabrera tenerife
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