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VIAJAR SIN GASTAR. Cuando la gasolina son las piernas…

 

Por Edgar Costa…


Uno de los momentos mas tensos cuando viajo es el mal rato de ver aumentar el contador de un taxi. Raramente me subo a uno y aunque decida moverme en bus o metro, el transporte se convierte en una sangría. Moverse en bici parece una buena alternativa al no existir más combustible que el propio esfuerzo. Pero hay que diferenciar entre pasear y convertir la bici en el epicentro de la aventura. Esta segunda opción está solo reservada a valientes, y no es mi caso.

 

Cuando decidí sumarme a un recorrido en bici por Latinoamérica me sentí próximo al fin de mis días. Nuevamente me encontraba en una situación como las de la infancia: una excursión en la que los compañeros van bien equipados, con sus marmitas y cantimploras, y yo confiando demasiado en la suerte. Me las dí de deportista y al llegar la primera cuesta ya estaba sacando los pulmones por la boca. Aprendí la lección y cambié de amigos. También me quedaron claros algunos puntos:

 

1) La bicicleta tiene que ser de buena calidad, una bicicleta que falla frecuentemente te amarga el viaje y, como en tantos casos, lo barato sale caro.

2) Mochila impermeable: al final del día estarás extenuado y que la ropa esté seca es impagable.

3) El asiento debe ser ancho y muy cómodo por razones obvias.

4) Cuento menos carga, mejor. Mínimo de ropa, equipaje y comida. Viajar leve aquí es esencial, mejor comprar cosas por el camino que ir muy equipado en ciertos temas.

5) Para cocinar lleva una cocina pequeña de montaña. Funcionan con cualquier líquido combustible, alcohol, diésel, etc.

 

He conocido a muchos apasionados por la bici, más de uno dando la vuelta al mundo sobre ruedas. Para los valientes, esta web da buenos consejos: http://www.viajeros.com/articulos/consejos-para-viajar-en-bicicleta

 

No estar en buena fórma fisica pasa factura en una aventura de este tipo. Pero la bici sigue siendo una gran heramienta para conocer lugares y ahorrar. Por ejemplo, en entornos urbanos o al moverse entre pueblecitos. Destinos como la Isla de Re, en el sur de Francia, suponen un lugar ideal para pedalear al ser totalmente plano.

 

 

 

Ir con la bici a cuestas supone facturar al embarcar en un avión (75 euros con Iberia o 25 con Ryaniar), pero hoy en día son muchas las ciudades que ofrecen no solo alquiler de bicicletas sino programas de bicis compartidas.

 

El invento comenzó en Amsterdam, pero al poco tiempo las bicis acabaron siendo robadas o en el fondo de un canal. La primera experiencia municipal más seria de este tipo fue en La Rochelle en 1974 con la instalación de 350 bicicletas, luego le siguieron Copenhague, estableciendo una fianza por el uso de la bici, o Portsmouth, con la implementación de una tarjeta magnética que sirve para desbloquearlas.

 

En bici por Nueva York

 

Hoy en día estos programas de bicis compartidas están por todas partes, incluso el señor Bloomberg, alcalde de Nueva York, ha tenido envidia de lo bien que funcionan en Europa e intenta que los neoyorquinos pedaleen un poco por Manhattan, construyendo ciclovías o restringiendo el tráfico en Times Square…

 

Queda muy bien el toque ecológico de las bicis y es políticamente correcto, pero no nos engañemos, para todos los que viajamos sin gastar, ir en bici es sinonimo de ahorro.

 

Edgar Costa es autor de nuestra guía Estados Unidos en Bus.

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