diciembre 20th, 2011 en Escapadas
Por Edgar Costa
Un viaje a Marruecos en estas fechas supone escaparse de la Navidad por un instante, y la recompensa por dejar atrás los árboles de navidad y los belenes es un viaje en el tiempo. Recientemente ha abierto sus puertas el Hotel Barcelo Fes Medina, que acerca el sabor español al visitante de esta ciudad Imperial. En el momento de recesión en el que vivimos, apuestas como la de Barceló en Marruecos demuestran que existe una situación diferente a española. Pese a este avance a nivel económico que vive Marruecos, lo que a mi me interesa en este viaje es precisamente como en ciertos aspectos aquí no ha cambiado nada. Una vez cruzamos las puertas de la Medina, las motos se convierten en burros y los coches en mulas. Los artesanos ocupan las plazas y los vendedores inundan las calles creando la clásica postal del comercio colorido del magreb.
Me encuentro en uno de los mejores emplazamientos comerciales de nuestro vecino del sur. Fez conserva perfectamente su Medina, la más antigua y más grande del mundo, prácticamente intacta desde el siglo XII. Entro por la puerta azul (Bab Bou Jeloud), y empiezo a caminar sin saber muy bien a donde voy. Mi mirada se pierde en las tiendas, primero de pescado, luego de carne, verduras, telas, dátiles, aceites,… El sol penetra por las grietas del techo cubierto de madera dejando entrar rayos de luz que parecen indicar el camino a seguir. De vez en cuando escucho que detrás de mi gritan Balak balak… y cuando estoy a punto de ser arrollado por una mula cargada de bombonas de butano, entiendo que esas palabras significan cuidado. Finalmente salgo del recorrido bullicioso de las calles comerciales de la medina, para pasar a explorar las callejuelas interiores, el lugar donde juegan los niños. Tres chavales de unos 4 años empiezan a seguirme entre risas, hasta que uno me dice ¨bon jour monsieur¨ y al responderle, los otros dos se animan a lanzarme una pelota. Nos ponemos a jugar y se van sumando mas y mas niños. Terminamos corriendo calle abajo, y pese a no hablar el mismo idioma, con los niños, sea donde sea, existe un lenguaje universal con el que comunicarse sin problemas: el juego.
Comunicarme con los adultos ya resultaba una tarea mas difícil, si bien fuera del entorno turístico la hospitalidad es lo habitual, una vez te encuentras perdido en las calles abarrotadas de tiendas y vendedores, la cosa se complica. No dejo de sorprenderme cuando me intentan vender unas pulseras, y pese a decir que no me interesa, me las vuelven a ofrecer unas 12 veces mas y me siguen allá donde voy. Luego me intentan convencer para comer un tajine en un restaurante o entrar a ver los curtidores. Mis educados intentos de librarme del regateo no surgen efecto. La persistencia parece ser algo muy típico aquí, así que adopto la técnica y me marco un objetivo, voy a por él, al margen de lo que me rodea. Mi misión esta vez es conseguir aceite de argan. Reconozco que antes de llegar a Marruecos no sabía nada de este oro liquido contra las arrugas. Una vez lo encuentro, me aparece una duda. Mi amiga quiere aceite para cocinar o prefiere su uso cosmético? Intuyo que le interesan sus propiedades como regenerador de la piel. Se trata de un aceite sumamente rico en ácidos grasos esenciales, y posee mucha más proporción de vitamina E si lo comparamos con el aceite de oliva. Me cuentan que no solo es bueno para combatir las arrugas, quemaduras o las manchas en la piel, también sirve para hidratar y nutrir el cabello.
Encuentro multitud de tiendas donde venden botellas de aceite de argan, incluso entro a ver como un grupo de mujeres trabajan la semilla que luego se convierte en este interesante producto. Me cuentan que el argán es un árbol originario de Marruecos y en algunos lugares los frutos los bajan del árbol las cabras, para después de ser rumiados y expulsar los huesos de los que se obtiene el aceite.
Termino por comprar una botella para mi amiga (50 dirhams, unos 5 euros), y me compro otra para mi. Me convencen de los milagros que dicen se consiguen aplicando unas gotitas de este aceite, dejando la piel más lisa y nutrida. Me recomiendan aplicarlo por la noche, unas gotitas sobre puntos estratégicos, cerca del contorno de ojos, líneas de expresión,… No se muy bien si este producto es el secreto de la juventud, pero como en todo, el subconsciente también juega su papel, y si Fez ha sabido conservar tan bien su Medina, porque no podremos nosotros conservar nuestra juventud con un poco de aceite de argan.
Edgar Costa es autor de la guía Estados Unidos en Bus.
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