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55 minutos en la frontera

por Luis Argeo, coautor de Melilla, Melilla.

 

Los pasaportes. Acordaos de llevar los pasaportes. Fue la frase que más pronunciamos desde que cayó el sol, después de una jornada de recreo y regata, y cenando pinchitos, hasta la hora de subir al coche para ponernos en marcha tras un generoso desayuno continental. 15 de agosto. A ese día lo llamamos “Fronteras” en nuestra hoja de ruta. No llevéis muchas cámaras. ¿Tenéis los pasaportes? Yo dejo el móvil, no vaya a ser que me lo roben. ¿El dinero? ¿Cuánto llevamos? Pufff, eso es mucho, además en Marruecos todo vale cuatro duros. ¿Tú crees? El moro roba, es malo, el moro es malo, hemos oído decir. Tened cuidado. Yo no llevo la cámara, entonces. Pero si no pasa nada. Si vamos a cruzar de Melilla a Nador. Además, es Ramadán. En nuestro plan de trabajo, hemos decidido que el tratamiento típico de la frontera, de cualquier frontera, habríamos de transgredirlo para ir más allá, más lejos. Pero, ¿hacia dónde? Cayetano, Javi y yo formaríamos el equipo que cruzaría la frontera de Beni Enzar para pasar el día en Nador. El moro roba, el moro pide dinero, e insiste, es cansino, pegajoso, vais a tener que quitároslos de encima. ¿Lleváis los pasaportes? Cayetano es mago, un buen mago, lo ha ido demostrando en Melilla con sus juegos de cartas y monedas, estas últimas noches. Así pues, la manera más fácil de cruzar la dichosa frontera sería con su arte. Haciendo magia en la plaza más popular y concurrida de Nador, despertando admiración y sonrisas. De ese modo, serán ellos quienes acaben dándonos su dinero. Y sus aplausos. Nosotros pasaremos el platillo, y daremos las gracias. Shukran.

 

 

Once y media de la mañana. El coche necesita gasolina. No vayamos a quedarnos tirados, que luego nunca se sabe. Ese sol ardiente de agosto festivo no impide que encontremos una lenta caravana de automóviles en el último tramo de la calle que conduce al puesto fronterizo español. El tapón no es tan drástico como el de ayer. No grabes, no grabes, ten cuidado que la guardia civil no deja grabar ya por aquí. Nadie dice eso, pero todos lo pensamos. Cayetano cruza a Marruecos por primera vez, y su cara refleja mayor preocupación que alegría. Respetaremos las normas, como todo el mundo. ¿Cómo todo el mundo? ¿Qué es una frontera? La frontera la encuentras en todos lados, en todas las situaciones imaginables. ¿Hasta en el fútbol? También ahí. El partido Real Madrid-Barça del domingo: 2-2. La frontera es ese guión, esos guiones que separan a los equipos, y al resultado final. Esta frontera en la que nos adentramos es un guión de 250 metros que separa un país de otro, unos prejuicios de otros. Una franja diminuta en un mapa de Google, que se va haciendo grande a medida que haces zoom sobre ella. Son las 12, y ya nos toca atravesar el primer puesto marroquí. Cuanto más grande haces el guión, más detalles percibes dentro de él: gentes que pasan a pie, solos, en grupo, con bolsas de plástico, sin ellas, vallas celestes e imponentes, insalvables; más grande, más grande: un idioma impronunciable de trapicheo, oportunidad y seguimiento; más grande todavía: miedo, paranoia, temor por no escribir tu nombre en el espacio correcto del formulario amarillo. ¿El papel verde? Antes necesitamos rellenar nuestros datos personales, pasaporte, ¿qué pone aquí? ¡Qué calor! Hay gente que vive de esa franja, que quieren ayudarnos a cambio de dinero, pero no, no, no vaya a ser que el moro… Dejamos el coche en tierra de nadie, en una esquina del guión. Avanzamos algunos metros a pie. Suciedad, abandono, sudor, parlez vous francáis? No grabes, no grabes. ¿Me estás grabando? No, señor. Disculpe si así pareció. Policías de uniforme, y de paisano, el formulario amarillo, ¿dónde está? ¿Tienes un boli? Vete rellenando esto, Cayetano, y tranquilo, que todo va bien. ¿Pero dónde estamos? A punto de que nos sellen nuestro pasaporte, tranquilo. Ese tipo no deja de mirarnos. Con buena letra, Cayetano. Ya tenemos el primer sello. Ahora necesitáis los papeles del coche, nos dice amablemente la chica que guarda cola tras nosotros, turista en alguno de los lados, empleando su español con un bonito acento africano. Vuelta a empezar. ¿El coche es vuestro, de alquiler? Es prestado, es decir, de la hermana de un amigo. Así respondíamos al oficial de frontera mientras él volvía a guardar el formulario verde que nos pidieron 200 metros antes, donde abandonamos nuestro coche. Nos deniegan el verde. ¿En serio? Ya no hay viaje a Nador, ya se fastidió el plan ¿Pero no queríamos frontera? Disfrutemos de este momento mágico, estamos, precisamente, en medio de ninguna parte, en medio de dos infiernos, según los cristianos escatológicos. ¿Eso no era el limbo?

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