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Córdoba

Los imprescindibles de Córdoba

Una selección de los mejores espacios y momentos de la ciudad

La Mezquita

 

Cuenta la leyenda que cuando Fernando III se apoderó de Córdoba en 1236 quedó asombrado ante la enormidad de semejante edificio. Una construcción de tal envergadura, realizada exclusivamente por motivos religiosos y terminada hacia finales del siglo x, sólo podía haber sido ejecutada por un pueblo grande y noble. Decidió que aquel edificio no podía perderse y ordenó que, respetando todos sus elementos, se construyese, imbricado y embutido en él, un templo cristiano de modo que el edificio resultante sirviera de símbolo a la estrecha convivencia que durante tantos siglos habían mantenido ambas culturas.

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© g0b/Fotolia

El mayo cordobés

 

En mayo, Córdoba es un ascua de luz. La primavera, en todo su esplendor, engalana fachadas y azoteas, balcones y ventanas, jardines y plazuelas. La ciudad se viste de fiesta y durante todo el mes se lanza a la calle para celebrar la renovación de la vida, el milagro de vivir.

Pasear por el casco histórico

 

No sólo la Mezquita es Patrimonio de la Humanidad en Córdoba, también lo es su casco histórico, tan monumental y cuajado de belleza como aquella. Este entramado de calles conserva prácticamente intacta la huella que le imprimieron los musulmanes. Hay que pasearlo.

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© anghifoto/Fotolia

El Alcázar de los Reyes Cristianos

 

De espaldas al Guadalquivir, en el Campo Santo de los Mártires, se halla el Alcázar, en cuyas dependencias tuvo lugar el primer encuentro de los Reyes Católicos con Cristóbal Colón, en 1486, quien les presentó su proyecto ultramarino, el cual, por cierto, fue considerado irrealizable.

 

Medina Azahara

 

Medina Azahara, que significa “ciudad brillantísima”, es el soberbio yacimiento arqueológico de la ciudad palaciega que mandó levantar el caudillo Abderramán III en el año 936. La imaginación no puede evitar evocar el palacio de Las mil y una noches.

El Puente Romano

 

Tras sucesivas reconstrucciones, el puente romano de Córdoba, que salva las aguas del Guadalquivir desde la época de Julio César, luce sus mejores galas. Constituye una de las imágenes emblemáticas de la ciudad, sobre todo de noche, cuando se engalana de luminarias.